martes, 19 de agosto de 2008

Sesión 9: Heredando Roma, Parte 1: Bizancio, 340 - 1453

Terminamos la clase pasada con la caída de Roma. Como dice la historia, durante los siglos tercero y cuarto, los problemas del imperio tanto internos como externos crecieron hasta volverse insostenibles. En 476 D.C. el rey germánico Odoacro destituyó al último emperador romano Rómulo Augusto y con ello el mundo le dice adiós a la antigüedad. Esta conclusión es verdad a medias pues las tradiciones e ideas romanas imperiales continuaron en la parte oriental del imperio. En 326 el emperador Constantino convirtió una pequeña ciudad de pescadores en Bizancio, la nueva capital que después llamaría Constantinopla en honor de sí. En 330 la ciudad fue consagrada y para 340 era la capital de la mitad oriental del imperio romano. Con el ascenso de la ciudad comenzó un periodo de mil años en el que la vieja Roma continuó pero no sin ser transformada de manera significativa. El final vino en 1453 cuando los turcos otomanos tomaron Constantinopla y la renombraron como Estambul.
Roma no cayó en 476 D.C. en gran medida porque el centro del imperio se había cambiado desde hacía mucho tiempo al oriente. Para entender este proceso debemos regresar a la tetrarquía que comenzó bajo Diocleciano. Se acordarán de la última clase que Diocleciano dividió al imperio en dos para poder administrar mejor cada parte. Entonces había dos co-emperadores y cada uno estaba asesorado por un vice-emperador. Diocleciano gobernaba el oriente y convirtió a Nicomedia en Anatolia en su capital mientras que Galerio, su agente residía en Sirmio. El co-emperador Maximiliano tomó la parte occidental haciendo de Milán su capital y su agente Constancio Cloro se asentó en Traer. Debemos notar en el mapa que cada ciudad fue escogida por su valor estratégico. En cada caso, el vice-emperador vigilaba la frontera y el emperador se mantenía en reserva. Roma era todavía el centro del Imperio y ninguna de estas ciudades pretendía reemplazarla en imaginario colectivo. Sin embargo, el hecho de que Diocleciano haya puesto su capital en el Bósforo enfatiza el tema fundamental del día de hoy: no importaba lo que la gente hubiera pensado, el centro de gravedad del imperio se había cambiado al oriente.
Este cambio se hizo oficial con Constantino I. Constantino era hijo de Constancio Cloro y había sido asistente de su padre en Bretaña- En 306, el padre de Constantino murió y sus tropas lo proclamaron emperador. El problema era que había otro emperador y dos vice-emperadores que no estaban de acuerdo. Una guerra civil siguió y duró hasta 324 cuando Licino, el último de los emperadores occidentales fue vencido en el campo de batalla. Constantino gobernó solo el imperio hasta 337.
El reinado de Constantino tuvo un gran significado para el imperio. Primero, le dio una nueva ciudad capital que estaba convenientemente situada en el Bósforo. Este lugar estratégico hacía que la ciudad fuera fácil de defender e inmensamente rica, pues durante los siguientes mil años sirvió como un puerto comercial entre occidente y oriente. El segundo legado fue la inauguración de un asunto que continuaría hasta la Edad Media, es decir, el matrimonio entre el Imperio Romano y la herejía judía conocida como cristiandad.
La relación personal de Constantino con la cristiandad fue fundamental para el futuro de Bizancio. Comenzó en 312 cuando Constantino puso la cruz cristiana en su estandarte antes de una batalla crucial contra un rival imperial en el Puente Silvio. Las tropas de su rival superaban en número a las de Constantino pero logró ganar por medio de su liderazgo. Constantino tomó la victoria como evidencia del favor de Dios y respondió el siguiente año con el edicto de tolerancia, que fue imitado por el emperador de la parte occidental, Licino. Este fue un evento trascendental. Donde el emperador Diocleciano había perseguido a los cristianos en nombre de las virtudes romanas antiguas, Constantino favorecía a la cristiandad sobre los cultos tradicionales convirtiéndose en el “responsable” del bienestar de la religión. Este cambio en la actitud del emperador fue crucial para el futuro del imperio. Desde este punto en adelante, los líderes políticos romanos, ya sea de occidente o de oriente, reclamaban para sí el derecho y el deber de supervisar los asuntos religiosos.
Constantino era un tradicionalista y un innovador. Su tradicionalismo era evidente al continuar con las políticas reformistas de Diocleciano. Por ejemplo, al igual que Diocleciano, Constantino mantuvo la administración de asuntos militares separada de la administración civil. (Las lecciones del siglo tercero habían sido bien aprendidas). Además, también reformó la acuñación de moneda para poner la economía bajo nuevos fundamentos. Sus innovaciones estriban en la nueva capital y la nueva religión. Si quieren entender cualquier cosa acerca de la historia bizantina, deben entender que la ciudad capital de Constantino era “Roma”. Se construyó un nuevo Senado en Constantinopla y muchos de los senadores romanos fueron transplantados forzosamente aquí.
Más aún, los ciudadanos de Bizancio se hacían llamar Romaioi o romanos. Por tanto, aunque la ciudad de Roma no era ya el centro del mundo civilizado, “Roma” perduró en oriente. A esto debemos agregar una innovación conflictiva: la unión de una religión exclusiva con un Estado rígido.
La iglesia cristiana temprana estaba llena de interpretaciones religiosas que competían entre sí que hoy en día son llamadas herejías. En 325 D.C. Constantino presidió el Concilio de Nicea para lidiar con una herejía llamada arrianismo. Hablaremos de asuntos teológicos después. Por ahora, lo que necesitan entender es que el emperador y la iglesia se juntaron para declarar como herética una interpretación religiosa alternativa. Este patrón se repetiría por lo menos hasta el siguiente milenio en el mundo cristiano, pues el Estado fue empoderado para hacer cumplir la pureza de las creencias.
Hagamos a un lado Constantinopla por un momento y analicemos algunos problemas más amplios que tendría que enfrentar el Imperio Romano transplantado. Bizancio enfrentó tres grandes retos. El primero era la llegada continua de tribus bárbaras en el occidente y luego en Europa oriental. Comenzando en el siglo segundo pero aumentando en el siglo quinto, las tribus germánicas emigraron de alguna parte de Asia para asentarse en lugares como España, Italia, Alemania y Francia.
A esta migración se añadió, en el siglo séptimo, otro pueblo, los búlgaros, quienes se asentaron en los Balcanes antes de convertirse en un problema. El segundo reto vino del Imperio Sasánida en Persia, los sucesores del régimen parto que habían causado muchos problemas a los romanos. Los bizantinos gradualmente ganaron el conflicto entre estas dos potencias pero a un costo terrible. El reto final vino del Islam que inundó la Península Arábiga en el siglo séptimo y rehizo el mapa político y religioso de lo que hoy llamamos el Medio Oriente. Contra esta tendencia, analizaremos el reino milenario de Bizancio.
Aunque Constantino reorganizó el Imperio romano, éste se mantuvo demasiado pesado como para ser administrado y defendido de forma adecuada. Como les hice notar la clase pasada, la migración germánica gradualmente abrumó las defensas occidentales del imperio. En 378, los visigodos destruyeron a un ejército romano en Adrianópola, abriendo al occidente a invasiones repetidas y al saqueo. A finales del siglo cuarto, el emperador Teodosio, el último emperador “romano” en gobernar todo el imperio, trató de rescatarlo al dividirlo en mitades: una occidental y una oriental. A su muerte en 395, el imperio pasó a manos de sus dos hijos: Honorio y Arcadio. Esta división no fue predestinada ya que era el primer símbolo de lo inevitable. Con la muerte de Teodosio se desataron las calamidades pues olas de tribus avanzaban por la fronteras del Rhin y del Danubio. La vieja Roma se replegó sacando sus tropas de Bretaña y sufriendo levantamientos en Gaul. Nuevas tribus se movieron rápidamente hacia el vacío. Para 409 una tribu llamada Vándalos había avanzado sobre Europa hasta España. Para 439 estaban en Cartago y habían establecido su propio reino. En 410 los ostrogodos saquearon Roma. En 455 una banda de vándalos la saqueó de nuevo. Al mismo tiempo una tribu, los Francos, se asentaron en el área que hoy es Francia y en parte de Alemania mientras que los visigodos ocupaban la parte noroccidental de España y la parte suroccidental de Francia. También durante este periodo, una tribu llamada hunos avanzaba sobre Europa, difundiendo el caos a dondequiera que iban. En 451 fueron derrotados por primera vez en la Batalla de las Planicies Catalanas en España. En 453 murió su líder Atila y este grupo guerrillero de tribus se disolvió. Por tanto, cuando el rey visigodo Odoacro finalmente destituyó al último emperador occidental, la parte occidental del imperio ya estaba exhausta y no valía la pena defenderla.
La invasión germánica de Europa Occidental inspiró un periodo de atrincheramiento y reforma en el oriente. Los emperadores en Constantinopla substituyeron a la fuerza que no podían reunir con diplomacia y sobornos. En 493 el emperador Anastasio I alentó a que los ostrogodos expulsaran a los visigodos y reconocieron a su rey Teodorico como el verdadero gobernante de Italia. Además, también reconoció oficialmente al nuevo reino vándalo en el norte de África aunque esto hizo poco pues los vándalos sabían que el emperador no podía decirles qué hacer. Por tanto, en los siguientes treinta años los emperadores romanos tendrían que aceptar la pérdida del imperio de occidente y se concentraron en un proceso de reforma interna que fortaleciera las áreas que les habían dejado. Ésta era un área grande y rica pues incluía no sólo a Anatolia sino también a Siria, Palestina y Egipto. En el siglo sexto, los bizantinos pusieron al servicio de los militares la riqueza derivada del imperio oriental.
En 527, Justiniano I, uno de los emperadores bizantinos más importantes subió al trono. Justiniano es importante por varias cosas. Primero, fue el último emperador en gobernar sobre el viejo imperio completo. Segundo, también revela el problema persistente de Bizancio con la religión pues creaba tensión al negarse a la pluralidad religiosa. Finalmente su reinado muestra que Bizancio aunque era muy rica no era lo suficientemente fuerte para mantener a la vieja Roma unida. Con su muerte en 565, las dos mitades del imperio finalmente se separan.
El reinado de Justiniano no alcanzó la cúspide por la que él es recordado. Aunque subió al trono como reformador y logró grandes cosas en virtud de su cargo, gran parte de su corte era corrupta y esto dio lugar a un levantamiento en 532. De primera instancia, Justiniano no tomaba la violencia de forma seria. Sin embargo, después que los sediciosos destruyeron Hagia Sophia y buscaban que un rival subiera al trono, Justiniano casi tiene que huir. Sin embargo, la emperatriz Teodora alentó a que su marido se quedara y peleara y el gran general Belisario sofocó la rebelión con un horrible baño de sangre.
Después de este susto, Justiniano insistió vigorosamente en su programa de reforma interna, incluyendo la codificación del derecho romano antiguo en el Corpus luris y una reforma profunda del sistema fiscal. También se volvió activo en las relaciones internacionales. En 533, envió a Belisario al norte de África para someter a los vándalos y para 534 el reino fue destruido. En 536 Justiniano envió a Belisario a luchar contra los ostrogodos pero los derrotó hasta 552. También mandó tropas contra los persas para recuperar el control de Antioquia. Sin embargo esto resultó en una derrota y una tregua muy cara. Para la muerte de Justiniano, el viejo imperio romano parecía haber resucitado. Desafortunadamente, el control de Bizancio en estas regiones lejanas era muy tenue como los muestran los eventos siguientes.
A pesar de todos sus intentos, Bizancio provocó más daños que beneficios. Esto es cierto en varios niveles. El primero fue la ocupación militar de Italia, pues en 567 otra tribu germánica los lombardos llegaron a Italia y establecieron un reino que duró hasta 774. Después de esta masacre los bizantinos sólo conservaron la ciudad de Ravena en la península itálica. Más aún, las guerras médicas continuaron costándole al imperio hombres y dinero hasta 591, cuando los ejércitos bizantinos vencieron a los persas e instalaron a un rival de la familia reinante en el trono persa. Persia continuó siendo una espina para Bizancio aunque la victoria final llegó hasta 628. Pero para entonces el ascenso de otro reino poderoso cambiaría todo. Además, un nuevo pueblo, los búlgaros aparecieron en los Balcanes. Se establecieron en una región poco poblada y establecieron un reino poderoso que amenazaba al imperio desde el norte. Un ejército búlgaro llegó hasta las murallas de Constantinopla en 559.
En este contexto de rivalidad debemos situar a la política fiscal y religiosa. En la medida en la que las guerras continuaron el gobierno necesitaba más ingresos y más soldados. Los impuestos recaían fuertemente en las regiones orientales del imperio, especialmente en Siria y en Egipto. Además, los pequeños granjeros, que no podían evitar pagar impuestos, fueron los más afectados pues casi los eliminan por completo como grupo social. El resultado fue una gran insatisfacción con el imperio en Siria y Egipto y la desaparición de las pequeñas granjas. Esto exacerbó el problema de los ingresos pues fue más difícil recolectar impuestos de las granjas más grandes y los súbditos en Egipto y Siria en el mejor de los casos pagaban a regañadientes. Una caída de la actividad económica fue el resultado y esto debilitó al imperio aún más.
A esta imagen de debilidad económica y política debemos agregar la rivalidad religiosa. Como hice notar anteriormente, los emperadores bizantinos aplicaron la ortodoxia religiosa. Sin embargo, el problema era que las diferentes regiones honraban sus propias tradiciones religiosas haciendo que los conflictos religiosos se convirtieran en problema políticos. Ya en 325 el emperador Constantino declaró como heréticas a las ideas heterodoxas del monje Ario. La pregunta fundamental detrás de estos debates religiosos era la naturaleza verdadera de Jesús. ¿Era Jesús completamente humano, completamente Dios o una mezcla de las dos? Los arrianos creían que Jesús era completamente humano (Esto será importante en una sesión posterior pues la primera ola de tribus germánicas se convirtió al arrianismo). Otros grupos como la iglesia nestoriana creían que Jesús era tanto hombre como Dios pero que estas dos naturalezas estaban separadas dentro de sí mismo. Este enfoque se arraigó en Egipto, Siria y Armenia donde las iglesias nacionales se opusieron a la interferencia de Bizancio.
Los emperadores bizantinos trataron repetidamente de mantener una forma de creencia para la estabilidad política. En 451 en el Concilio de Calcedonia el monificismo fue condenado de forma oficial. La posición oficial fue que Jesús tenía dos naturalezas que no estaban mezcladas pero tampoco separadas pues trabajaban de forma conjunta dentro del Hijo. Esta posición se convirtió en la ortodoxa, particularmente en Constantinopla, y aunque el Obispo de Roma convergía con esta decisión convirtiéndola en dogma, el problema era que no todos la aceptaban y ningún lado estaba dispuesto a ceder. Para los ortodoxos, los monoficistas eran herejes mientras que para los otros los ortodoxos eran los herejes. Las dos partes lucharon constantemente y el debate terminó cuando los ejércitos musulmanes conquistaron a las regiones monoficistas. Debo resaltar que estas regiones casi siempre daban la bienvenida al nuevo régimen pues estaban cansados de pagar impuestos altos a los herejes.
La explosión del Islam en el escenario mundial, un proceso que analizaremos en una sesión futura, fue la amenaza más grande para Bizancio. Debilitada por la guerra y las disputas teológicas, Bizancio inició una defensa desesperada contra la nueva religión. Luego de la muerte del profeta Mahoma en 632, los ejércitos musulmanes árabes atacaron a sus vecinos y construyeron un nuevo imperio. En 635, los ejércitos musulmanes tomaron Damasco. En 638, conquistaron Jerusalén y Antioquia. En 649 cayó Egipto. En 642 conquistaron lo que quedaba de Persia. De aquí, los árabes voltearon a Anatolia, Italia y una serie de islas en el Mediterráneo, incluyendo Chipre, Creta y Sicilia. En 711, cruzaron hacia España y se dirigieron a Francia para ser repelidos por los ejércitos francos en la Batalla de Tours en 732.
La agresión islámica inauguró un conflicto a muerte de ochocientos años entre los cristianos del oriente y el mundo musulmán. Los ejércitos musulmanes estuvieron a las puertas de Constantinopla de 673 a 678 y otra vez de 717 a 718, mientras que los ataques sorpresa en la península de Anatolia iniciaban, quemando y robando con impunidad. La batalla entre estas dos grandes potencias religiosas decaía y volvía a ascender dependiendo de qué lado era políticamente más estable. Con la caída del Califato de Umayad en 750, Bizancio ganó una ventaja a corto plazo pero sólo como resultado de la falta de unidad entre sus enemigos. Cuando los turcos comenzaron su ascenso dentro del mundo musulmán a finales del siglo once, la derrota final de Bizancio estaba garantizada. Este proceso tomaría otros cuatrocientos años y lo analizaremos en otra sesión.
A pesar de toda la violencia, el periodo del siglo octavo al onceavo marca la cúspide de Bizancio. Al perder el imperio de Justiniano, Bizancio se volvió compacta y administrable lo que permitió que los emperadores bizantinos instituyeran reformas significativas. El cambio más importante fue el sistema de temas, en el que un tema o provincia era puesta bajo las órdenes de un general que llevaba la administración civil y militar. Si esto suena familiar es porque algo parecido sucedía en la Antigua Roma. Sin embargo, aquí la militarización de la vida civil funcionó pues los generales reunían ejércitos de manera rápida para defenderse de las incursiones musulmanas. De hecho, el sistema permitió que Bizancio expandiera su influencia durante el siglo onceavo. Basilio II utilizó el nuevo poder del imperio para finalmente vencer a los búlgaros. El final fue vicioso; Basilio el asesino de búlgaros, como ahora se le llama, hizo prisioneros a quince mil, hizo que los volvieran ciegos y los devolvió a su rey como una amenaza. Se dice que el rey búlgaro murió de la impresión de verlos. Con esta victoria, Bizancio extendió su influencia hacia los Balcanes ganando fortaleza adicional para más guerras.
La fortaleza bizantina continuó durante los siguientes siglos pero los musulmanes no eran los únicos predadores que acechaban. Aunque analizaremos el ascenso de Europa occidental en otra sesión es importante que noten que la rivalidad entre el oriente y el occidente surgió en el siglo noveno con el resurgimiento del viejo imperio romano bajo el liderazgo de la tribu germánica de los francos. Un rey franco llamado Carlomagno fue coronado Emperador del Sacro Imperio el día de Navidad del año 800, lo que dio origen al reino que reclamaba intereses en Italia. La nueva Europa en la que este imperio era sólo una parte se convirtió en el origen de siete cruzadas en Tierra Santa. Resalto las cruzadas, pues una de ellas, la cuarta, nunca llegó a Tierra Santa pero fue desviada a Constantinopla por los mercaderes venecianos (Los venecianos querían robarle a Bizancio su porcentaje del comercio oriental). Los cruzados saquearon la ciudad en 1204 y mantuvieron el control hasta 1261. Bizancio se recuperó de esta traición brutal pero cuando los turcos otomanos renovaron el asalto musulmán al imperio, era sólo cuestión de tiempo para que Constantinopla y el imperio cayeran. Ese día llegó en 1453 cuando el imperio milenario y la tradición de dos mil años finalmente terminaron. Roma se había ido para bien.