martes, 19 de agosto de 2008

Sesión 13: El profeta Mahoma y la política de la revelación

En occidente no estamos acostumbrados a ver al Islam como parte de un horizonte mediterráneo más grande. Los conflictos religiosos y políticos de los últimos mil cuatrocientos años han alentado a los occidentales a ver al Islam como algo extraño, diferente y peligroso. Occidente ha cultivado una larga tradición de enemistad y desconfianza, o como dice el Cantar de Roldán: “Los cristianos están en lo correcto, los musulmanes están mal”. Por supuesto, los malentendidos y la desconfianza entre Occidente y el Islam ha sido mutua, pues los musulmanes han cultivado sus propias ideas absurdas acerca de los méritos de los judíos, cristianos y de aquellos pueblos que no creen en Alá. En esta sesión y en la próxima trataremos de ver esta enemistad histórica y analizaremos tanto al Islam como a los estados que acompañaron su ascenso en término de la construcción de un imperio. Hemos visto varios pueblos ascender y construir imperios en el Mediterráneo. En este momento entre un nuevo pueblo al escenario mundial: los árabes, y aunque su imperio es ligeramente diferentes de los otros que hemos analizado no deja de ser un imperio.
Para entender cómo y porqué el Islam ascendió tan alto debemos analizar la situación histórica del Cercano Oriente en el siglo sexto. Los imperios bizantino y sasánida se habían enfrascado en una lucha durante todo el siglo sexto y no fue sino hasta las grandes batallas de Heraclio en el siglo séptimo que Bizancio pudo obtener la victoria. Esta batalla fue la última en un largo conflicto entre Roma y Persia, pero con la victoria final de Bizancio ambas potencias estaban exhaustas. El curso de este conflicto sugiere varios asuntos para entender las guerras que siguieron. Ambas potencias representaban diferentes tradiciones culturales. Los bizantinos hablaban griego y cultivaron la cultura helenística mientras que los sasánidas hablaban persa y cultivaron las antiguas tradiciones iraníes. A estas diferencias culturales básicas debemos añadir una rivalidad religiosa muy fuerte pues Bizancio era la gran potencia cristiana y los sasánidas apoyaban el zoroastrismo. Por tanto, antes de la llegada del Islam, la creencia religiosa ya se había politizado en el Medio Oriente.
El conflicto político-religioso entre estos dos imperios se fundamentaba además en una rivalidad comercial. Los bizantinos y los sasánidas competían ferozmente por áreas estratégicas como Armenia y Mesopotamia en el norte. Sin embargo, el creciente comercio con China e India hizo que ambas potencias voltearan hacia el sur pues el deseo de gravar al comercio lucrativo de la seda china, las especies indias y el incienso árabe incrementó la competencia. Arabia ocupaba una posición estratégica con respecto al comercio con Oriente y ambas potencias se aliaron con los gobiernos locales para obtener el control. Los bizantinos se aliaron con un reino cristiano en la parte norte de la península arábiga llamada Axum mientras que los sasánidas establecieron protectorados con las tribus locales alrededor de Omán. En 525, los bizantinos indujeron al reino de Axum a atacar a otro reino en Yemen llamado Himyar para controlar el acceso al Mar Rojo. Sin embargo, en 575 los sasánidas expulsaron a los axumitas de Yemen por una invitación de Millar y establecieron una provincia sasánida. Después, entre 611 y 620, los sasánidas lanzaron la última de sus grandes guerras contra Bizancio y disfrutaron de gran éxito, invadiendo gran parte de Anatolia y toda Siria y Egipto. Sin embargo, en 68 el emperador Bizantino Heraclio derrotó a los Sasánidas y estableció a un rey favorable en el trono.
Lo que intento al relatar el conflicto bizantino-sasánida es mostrar que aunque Arabia estaba a las afueras del mundo mediterráneo, no estaba asilada de las corrientes políticas y culturales de su tiempo. Los desarrollos económicos y políticos en el norte afectaron la vida en la península pues el comercio era un factor importante en la economía local. Más aún, las influencias religiosas de ambos imperios se extendían en Arabia. El cristianismo extendió su alcance alrededor de Yemen y Omán hacia arriba hasta la costa este de arabia y disfrutó de influencia significativa entre las tribus árabes del norte que se desplazaban en las fronteras de Siria y Mesopotamia. El judaísmo también se extendió intensamente en Arabia pues aparecieron comunidades judías en la costa del Mar Rojo, incluyendo las ciudades importantes de Khaybar y Yathrib, la última se conoce en la actualidad como Medina. El zoroastrismo no se difundió tanto en Arabia como el judaísmo y el cristianismo pero sí tuvo seguidores en el este de Arabia y Omán. Por tanto, para el siglo séptimo, existían en Arabia comunidades monoteístas significativas que tenían contactos fuertes con las tradiciones religiosas y políticas del norte.
Al haberse conectado Arabia tanto con las tradiciones bizantinas y sasánidas debemos analizar dos cosas. Primero, además de las tradiciones monoteístas que hemos analizado, Arabia también tenía una gran cantidad de tradiciones animistas, muchas de las cuales databan de los antiguos babilonios. Significativamente para la historia del Islam, las fuertes creencias del animismo estaban ubicadas en el centro y el oeste de Arabia particularmente en pueblos como Taif y la Meca. Estos pueblos eran lugares sagrados alardeando con armas o santuarios en los que pelear estaba prohibido. En la Meca, por ejemplo, el haram estaba alrededor de la Kabah, una estructura gigante con forma de cubo que contenía una roca de meteorito que los nativos adoraban para obtener favores divinos. El papel religioso de Taif y la Meca las convirtió en centros religiosos y económicos importantes ya que luchar estaba prohibido y los mercaderes podían involucrarse en actividades comerciales. Por tanto, las rutas de peregrinación se convirtieron en caminos para el comercio y la religión. El segundo asunto es geográfico. Arabia está llena de tierras agrícolas marginales lo que significa que había muy pocas ciudades grandes y que la mayoría de la población era nómada viviendo en tribus y emigrando. Estas bandas tribales usualmente estaban fuera de cualquier control político efectivo y se involucraban en actividades vandálicas para incrementar sus bajos ingresos derivados del pastoreo y del comercio. Por tanto, cuando finalmente se organizaron por medio del Islam, Arabia tenía listo un suministro de personas que podía abandonar su tierra y sabía luchar.
Hasta ahora he esbozado el contorno del mundo en el que nacería el profeta Mahoma. Ahora analicemos al profeta y su contexto. Desafortunadamente no se sabe mucho acerca de los primeros años de vida de Mahoma. Nació con el nombre de Mohamed ibn Abd Allah alrededor del año 570 D.C. en el pueblo occidental de Arabia llamado la Meca. Los árabes estaban organizados de manera tribal y Mahoma provenía de un clan menor, los Hashim, de una tribu importante los Quraysh, que dominaban el área alrededor de la Meca. Los Hashim eran esencialmente un grupo de comerciantes no muy ricos pero tampoco bajos en la escala social. Lo mismo es válido para los antecedentes maternos de Mahoma. Su mamá provenía de Zuhra que era otro grupo parecido. La posición de Mahoma dentro de la estructura árabe tribal sería crucial para los primeros años del Islam. Mahoma quedó huérfano a edad temprana y entro a la familia de su tío paterno Abu Talib quien también era cabecilla del clan Hashim. Parece que los dos desarrollaron una relación muy cercana pues no hubo ningún quiebre entre los dos a pesar de que Abu Talib se hubiera negado a convertirse al Islam.
La Meca era un centro religioso y mercantil. Los Quraysh eran guardianes del santuario de Kabaa y se involucraron en operaciones comerciales. De manera conjunta, esto significó que la Meca tenía mucho contacto con otras partes de Arabia y las ideas que se divulgaban en la región en ese entonces.
Mahoma era aparentemente un joven prometedor quien jugaba un papel activo en la vida religiosa y económica de la Meca. Cuando llegó a la edad adulta se convirtió en un mercader local. Para lograr esto se casó con una viuda rica llamada Khadijah bin Huwaylid. Khadijah era un poco más grande que Mahoma y tenía su propio negocio mercantil al comerciar con lugares tan distantes como Siria. Su carácter fuerte y su fortuna independiente serían importantes más adelante. Aunque Mahoma comenzó como cualquiera de su generación, era más introspectivo que el promedio de sus contemporáneos. Esto se evidencia por sus constantes salidas de largo tiempo para meditar. En 610 durante un periodo de aislacionismo, Mahoma comenzó a tener visiones que interpretaría como revelaciones de Dios. Inicialmente, estaba tan horrorizado con los mensajes que los rechazó y buscó el apoyo de su primera esposa Khadijah. Sin embargo, estos mensajes continuaron y Mahoma empezó lentamente no sólo a aceptarlos sino a verse a sí mismo como el mensajero de Dios. Mahoma repitió estas revelaciones a sus primeros seguidores y con el tiempo fueron recolectadas y escritas en el Corán, la escritura sagrada del Islam. Por tanto, para todos los musulmanes el Corán no sólo representa la palabra de Dios, es la palabra de Dios.
El mensaje de Dios a Mahoma fue consistente con una larga tradición de revelaciones sagradas en el Medio Oriente. Tan parecida como a la temprana profecía hebrea, se basó en una advertencia que sólo por medio de total devoción a Dios se podía obtener la salvación y la vida eterna. El Corán es por tanto una visión del ser esencial de Dios y establece las prácticas correctas de adoración a Dios. Algunas revelaciones describen la naturaleza unitaria de Dios y su omnipotencia como creador del universo y de todo lo que en él habita. Otras revelaciones advertían sobre el Juicio Final prometiendo el cielo a las personas que han sido morales y aquellos que no irían al infierno. Otras revelaciones más detallaron un plan sobre cómo seguir el camino de la moralidad. El camino correcto comenzaba con la adoración de un solo Dios y rechazando todos los ídolos falsos. Aquellos que seguían este camino rezaban regularmente, daban alms y se preocupaban especialmente por los pobres, las viudas y los huérfanos. Para estar en el camino uno tenía que actuar con estricta modestia entre los sexos y practicar la humildad en todas las actividades diarias. Asimismo otras revelaciones también repetían historias sobre los primeros profetas incluyendo a Abraham, Moisés, David y Jesús, todos quienes habían traído la palabra de Dios al pueblo.
Al tratar de entender el éxito de Mahoma necesitamos reconocer que este mensaje estaba hecho en un lenguaje que era inmediatamente comprensible para la mayoría de sus compatriotas árabes. El énfasis en el monoteísmo, el juicio final, el cielo y el infierno ya están en Arabia gracias a las otras religiones monoteístas. Por tanto, en este sentido, Mahoma continuó y quizás refinó los mensajes básicos de sus predecesores religiosos. Dentro de esta comunidad tribal del Quraysh, el mensaje de Mahoma fue un desastre pues lo vieron como un ataque brusco al fundamento de sus vidas. Mahoma les dijo que su animismo y politeísmo era incorrecto, que se irían al infierno y que eran muy poco modestos y caritativos de lo que podrían ser y que en el mejor de los casos eran impíos. Mahoma fue tan lejos que criticó a sus propios ancestros de paganos y les dijo que se irían al infierno. Los Quraysh no lo tolerarían.
La tribu de Mahoma no tenía duda de que él era una especie de profeta. Había una gran tradición en la región de personas que vencían a las fuerzas naturales. Pero lo que Mahoma decía acerca de ser el mensajero de un solo Dios fue percibido con desconfianza. Mahoma comenzó a predicar sus ideas en 613 y había interés por parte de una generación más joven. Inicialmente la tribu estaba dispuesta a tolerar su peculiaridad. No había mucho que hacer contra él pues al pertenecer al clan Hashim sus compañeros de tribu estaban obligados a protegerlo. No obstante, Mahoma pronto se volvió una carga política. Cada tribu en Arabia tenía sus ideas propias o prácticas que las distinguían de las demás. Por tanto, si Mahoma predicaba contra los dioses que otra tribu adoraba, esto era un ataque contra la identidad de la tribu y eso fue lo que hizo con todas las tribus. Era sólo cuestión de tiempo antes de que la tribu se defendiera por la fuerza. Lentamente la situación de Mahoma en la Meca se volvió peor y Abu Tali, quien había protegido a su sobrino como miembro del clan Hashim eventualmente se vio imposibilitado para hacerlo.
Alrededor del año 620 Mahoma consiguió seguidores en la ciudad de Yathrib que está alrededor de 250 millas al norte de la meca. Yathrib tenía la ventaja de que estaba dividida por asuntos religiosos. Había muchos paganos y un número considerable de tribus judías y nunca habían podido llevarse bien. En 622, una delegación de musulmanes invitó al profeta a su ciudad para arbitrar disputas locales. Mahoma envió a sus seguidores a la ciudad y finalmente se asentó ahí después en el mismo año. Por tanto, Yathrib se conoció como Medina o la ciudad del Profeta. Este cambio de la Meca a Medina se llama hijra entre los musulmanes y es un momento significado para la historia del Islam pues marca el inicio del calendario islámico. Para nuestros propósitos, el hijra es importante pues marca el inicio del Islam como un movimiento político. Ahora que Mahoma y sus seguidores no eran una banda acosadora de forajidos, tenían una comunidad político-religiosa autónoma.
Mahoma pasó los siguientes diez años en Medina consolidando su poder dentro de ese pueblo y a sus alrededores. Mahoma pacificó las rivalidades entre los grupos tribales dentro del pueblo y también tuvo bajo su control a la comunidad judía. Algunos de los judíos lo apoyaron pero otros se oponían. Aquellos que se oponían sufrieron castigos muy duros, sufriendo el exilio, la pérdida de sus propiedades, o inclusive la esclavitud y la ejecución. Los oponentes más férreos a Mahoma fue su propia tribu en la Meca. Durante la siguiente década, la Meca y Medina lucharon para obtener influencia sobre los pueblos y las tribus nómadas en Arabia. La Meca parecía tener ventaja al principio por el comercio que le daba gran bienestar. Mahoma trató de igualar la situación al lanzar una serie de incursiones devastadores contra las caravanas de la Meca, tomando botín y rehenes. La fase inicial del conflicto no quedó decidida pues las fuerzas de Mahoma estuvieron en lucha contra aquellas de la Meca en 624, 625 y 627. Mahoma negoció una tregua con la Meca en 628 pero esto sólo fue un respiro.
La tregua con la Meca fue importante porque le permitió al profeta vencer a la resistencia en otras áreas como en Khaybar, donde la gran población judía se oponía a Mahoma. Una vez que Mahoma pacificó Khaybar, su atención regresó a la Meca quien se rindió de forma relativamente fácil en 630 ante las fuerzas de Mahoma. Mahoma era magnánimo en la victoria, evitándose conflictos futuros al darles a los Quraysh que quedaban cargos altos en su nuevo estado. Mientras Mahoma estaba haciendo esto, también trabajó para someter otros pueblos y tribus nómadas dentro de su esfera de influencia. Convenció a varios de ellos para que se unieran por medio de una combinación de su mensaje religioso, promesas de recompensas materiales y, a veces, abierta violencia. Con la Meca y estas tribus locales bajo su mando, Mahoma se volvió hacia la gran ciudad de Taif y las tribus no conversas que quedaban. La derrota de Taif hizo que la escritura en el muro fuera clara para todos: las tribus independientes que quedaban y los pueblos enviaron delegaciones a Medina para negociar su sumisión. Cuando murió Mahoma en 632, su comunidad político-religiosa se había extendido por todo el oeste de Arabia y ya se habían establecido conexiones importantes con las comunidades en Hijaz, Nejd, Omán y Yemen. Por su parte, Mahoma había extendido su imperio en gran medida por medio de la persuasión en vez de la fuerza. Sin embargo, después de su muerte, esto cambiaría pues los ejércitos árabes se esparcirían por la península y chocarían con los viejos imperios del Mediterráneo. Analizaremos estos acontecimientos la próxima vez.