martes, 19 de agosto de 2008

Sesión 7: La República Romana (509 - 31 A.C.)

Esta sesión y la siguiente trazan la historia de Roma desde sus orígenes como república hasta su ascenso y supuesta caída. Pero antes de entrar en detalles, necesitamos analizar la historia romana desde una perspectiva más amplia. ¿Qué hizo Roma para o por el Mediterráneo? ¿Qué implicaciones tiene para la historia universal? Roma trajo un gobierno sistemático y una unidad cultural a todo el mundo mediterráneo y al hacerlo proveyó de un marco estable para una vida comercial e intelectual floreciente. Roma también solidificó ideas particulares sobre la autoridad en el Mediterráneo. Durante su vida Roma fue entendida a partir de la ley pues creó un código legal único que emanaba desde el centro y que fue exportado a todo el imperio.
En teoría todos los ciudadanos estaban sujetos a esta ley única que daba a todos un fundamento común para la vida pública. Sin embargo, concomitante a esta centralización legal estaba la esperanza de Roma de que sus ciudadanos estuvieran dispuestos a someterse a la autoridad de algunos que gobernaban. En estas líneas, dos conceptos romanos son clave: Imperium y Auctoritas. El primero significa poder y el segundo legitimidad. Desde la perspectiva romana, el principal problema político era asegurar que el poder fuera siempre ejercido con legitimidad. El poder sin legitimidad era abuso de poder. Pero la legitimidad también autorizaba ocasionalmente el uso brutal del poder. Esta actitud básica hacia el poder se convirtió en un componente central del mundo romano así como el resto de los mundos que los romanos controlaban.
En adición al legado romano, también debemos tomar en cuenta el tipo de personas que los romanos eran. Primero, los romanos basaban su cosmovisión en la familia. Al contrario que los griegos, que deliberadamente separaban la vida privada para hacer la vida pública posible, los romanos daban considerable atención a los asuntos privados. La familia y el individuo estaban definidos por medio de la ley romana pero el individuo estaba definido por su asociación con la familia. Bajo la ley el padre o pater familias tenía control absoluto sobre su esposa e hijos hasta el momento de su muerte. Este acuerdo socio-legal fue el fundamento de la actitud hacia la ley que acabo de describir. Como la sociedad romana, la familia romana estaba basada en la jerarquía y en la autoridad patriarcal. Aunque algunas mujeres romanas ejercían gran influencia política tanto en la República como en el Imperio, su influencia se basaba en el poder y la posición de sus esposos o padres. Esto abre la puerta a más reflexiones sobre el carácter romano. Los romanos estaban poco interesados en la clase de abstracciones que encantaban a los griegos. Los romanos no eran poetas sino organizadores. Ellos construían puentes, codificaban leyes y enfatizaban el mantenimiento de un mundo estructurado valorando las cosas prácticas como gravitas, pietas y fides.
Ahora vayamos a la historia de Roma. La leyenda cuenta que Roma fue fundada en 753 A.C. aunque esta fecha no es significativa. La evidencia arqueológica indica que gente había estado viviendo en el área desde el siglo doce. Algún tiempo durante el siglo sexto un grupo de aldeas alrededor del área se convirtió en el foro romano para formar una ciudad. Esta ciudad nueva tomó prestadas cosas de otros pueblos en el área. Las prácticas romanas de construcción originalmente venían de las ciudades griegas. La escritura la tomaron de los etruscos así como el arte romano de la adivinación. De hecho, los primeros reyes fueron etruscos, el último fue depuestos en 509 A.C. año en el que Roma se convirtió en una república.
Roma fue fundada en una estructura conservadora política y social. La sociedad romana se dividió en dos grupos: los patricios y los plebeyos, y sólo entre el 5-10% de la población era patricia. Los patricios dominaron la burocracia especialmente la religiosa. Sin embargo, esto cambió gradualmente en la medida en la que la sociedad romana se abría más y cuando el último rey fue depuesto los romanos establecieron un sistema gubernamental que incluía un Senado oligárquico y la elección anual de los dos cónsules que le reportaban. El Senado era una institución extremadamente conservadora. Nunca era muy grande y para finales de la República comprendía solamente a trescientos hombres –y uno se ganaba la nominación para ser electo al recorrer una serie de puestos más bajos. Enorgulleciéndose de ser un lugar para el debate ordenado, el Senado sólo permitía hablar a sus miembros más viejos y se esperaba la deferencia por parte de los senadores más jóvenes hacia los más experimentados en el momento de las votaciones.
Esta estructura conservadora fue puesta a prueba durante el siglo quinto pues Roma sufrió un cambio en sus estructuras sociales que obligaban liberalización política lenta y progresiva. Originalmente estaban prohibidos los matrimonios entre los patricios y los plebeyos. Sin embargo, en 445 el Senado autorizó la ley Lex Camuleia que permitía los casamientos. Muchos plebeyos se habían vuelto ricos como para que la prohibición continuara. El siguiente paso en este proceso lento fue la aparición del Tribunado pues los plebeyos obtuvieron el derecho a elegir dos tribunos con el poder de vetar la legislación del Senado. Para el año 367 A.C. uno de los dos cónsules podía tener origen plebeyo. Este proceso largo de reforma trajo estabilidad política al Estado Romano en un momento en el que se podría haber colapsado. Los tribunos tenían que andarse con cuidado para no ofender al Senado. Y el Senado tenía que respetar las preocupaciones de los plebeyos pues caso contrario vetarían la legislación. Si se añade a esto la creciente tendencia de los casamientos entre patricios y plebeyos vemos que la temprana Roma había logrado un consenso social básico que hacía estable al gobierno.
La estabilidad política y social permitía a Roma crecer en poder y prosperar. En la medida en la que prosperaba comenzó a intervenir a sus vecinos y gradualmente los absorbió. Es importante tener en cuenta que esto estaba muy lejos de ser fácil o un ser un proceso preordenado, pues la península Itálica estaba llena de lenguas y pueblos diferentes. Tomó grandes esfuerzo y suerte integrar a pueblos tan diferentes. Los romanos provenían de una parte de la península llamada Lacio donde la gente hablaba latín. Sin embargo, el latín era sólo un idioma en la familia de lenguas relacionadas que los académicos llaman itálicas y mientras Roma crecía tenía que absorber y digerir muchos pueblos cuyas lenguas y culturas diferían fuertemente. Además Roma también confrontaba a hablantes no itálicos como los etruscos en el norte y a los grecoparlantes en el sur (el sur de Italia estaba llena de ciudades-estado coloniales griegas que la región completa se llamaba Magna Grecia).
Durante el siglo cuarto, roma se expandió. En el año 396 los ejércitos romanos tomaron la capital etrusca de Veii, a lo que siguieron una serie de ataques sobre otro pueblo llamado volcianos. Originalmente estas regiones nuevas fueron gobernadas como provincias sometidas pero en 338 hubo una revuelta en esos pueblos y fue sofocada por la fuerza. Para evitar revueltas futuras, a Roma se le ocurrió la brillante idea de extender la ciudadanía a sus súbditos. Esto es un momento importante en la historia romana, uno que traería consecuencias para el futuro del Mediterráneo en su conjunto. Desde este punto Roma era un poder imperial y como tal sus intereses exigían que expandiera sus fronteras. Sin embargo, Roma también era un poder integrador al dar oportunidades a sus pueblos súbditos que el gobierno había fallado en proveer. Para principios del siglo tercero, Roma se había expandido en la región conocida como Campania. Este fue otro momento importante pues la región de Campania era una región grecoparlante y al ser invadida por Roma comenzó un proceso de helenización que abarcó al Imperio. Por ejemplo, esto es cuando los dioses griegos entran al panteón romano.
En este momento, el imperialismo romano estaba confinado a Italia y tomó una forma familiar. Cuando Roma invadía una región nueva se hacían dos cosas. Primero, se fundaban nuevas colonias para asegurar que la tierra no regresara a sus antiguos dueños. Segundo, se demandaban tropas en vez de contribuciones monetarias, un cambio importante en comparación con las prácticas de otros imperios. Por tanto apareció la verdadera fortaleza de la República Romana: una fuente casi inagotable de reclutas para el ejército. Durante los siguientes siglos no importaba que tan mal estuvieran las cosas, Roma siempre iba a disponer de hombres para derrotar su larga lista de enemigos que se incrementaban. Para 295 A.C. Roma controlaba casi toda la península Itálica. El último resquicio de resistencia interna vino en el sur en 280 A.C. pues Tarento, una ciudad griega se negaba a someterse al poder de Roma y pidió la ayuda del rey griego Piro de Epiro para defender la independencia de la ciudad. Piro derrotó a los romanos en la batalla pero a un costo tan terrible que tuvo que regresar a Grecia. Para 265 Roma controlaba Italia.
El creciente poder de Roma y la expansión de sus intereses garantizaban conflicto con otras potencias del Mediterráneo. La primer gran prueba de Roma fueron las Guerras Púnicas, un conflicto entre Roma y Cartago por la supremacía comercial en el Mediterráneo. La Primera Guerra Púnica se desató en 264 y duró hasta 241. El resultado final fue que Roma tomó las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega. Debemos resaltar esta adquisición pues con ella Roma ser convirtió en una potencia imperial en el Mediterráneo lo que le acarrearía más dificultades. En 218, las crecientes tensiones comerciales llevaron a otra guerra con Cartago. Dos grandes personajes surgieron de este conflicto: el general cartaginés Aníbal y el general romano Escipión el Africano. Hablaremos con más detalle sobre el conflicto en un segundo. Pero antes como se acordara de la sesión sobre los fenicios, Cartago ya había adquirido un imperio en España que explotaba los recursos minerales de la región. España era importante por dos razones. Primero, este imperio proveía de fondos y el hierro necesario para luchar otra guerra. Segundo, era un punto estratégico para la invasión de Italia.
Por tanto, Aníbal reunió un ejército en España que incluía alrededor de cien elefantes que marcharon alrededor de la costa y por los Alpes antes de dar rienda suelta a la devastación en Italia. En 216 aniquiló al ejército romano en la batalla de Cané, y después llegó hasta las puertas de Roma. Desafortunadamente para Aníbal, Roma disponía de tantos hombres que decidió que Aníbal devastara Italia todo lo que quisiera mientras Roma mandaba sus ejércitos contra Cartago. Por ello, Aníbal fue llamado a Cartago para que se encargara de la defensa contra su némesis Escipión el Africano, quien lo derrotó en 202 en la batalla de Zama. Con esta derrota se acabó la apuesta por la supremacía cartaginesa en el Mediterráneo. Hubo una última guerra contra Cartago que duró desde 146 a 142 A.C. pero sólo fue una campaña de venganza incitada por el senador romano Catón el Viejo (Ya he mencionado la frase famosa de Catón Carthago delenda est). Cartago no era una amenaza real pero de cualquier forma roma la atacó y arrasó con la ciudad desde sus cimientos desmembrando su poder para siempre.
Las Guerras Púnicas cambiaron las estructuras sociales y económicas de Roma de forma dramática. Los años de guerras constantes transformaron al ejército romano. Anteriormente los campesinos peleaban durante los meses de verano pero después de las guerras surgió una fuerza de mercenarios profesionales. Los campesinos que regresaron a sus tierras al acabarse el conflicto encontraron que sus tierras habían sido vendidas o se quedaron abandonadas (quedaron en barbecho). Además el botín se distribuyó de forma desigual. Los ricos se volvieron más ricos y utilizaron el dinero para comprar tierras de los campesinos y esclavos que después trabajarían juntos. Esto tuvo un impacto enorme en los fundamentos sociales de Roma pues los campesinos pequeño-terratenientes emigraron a la ciudad convirtiéndose en un elemento indisciplinable de la vida pública romana.
Los cambios políticos que estas tendencias generales se hicieron aparentes durante el ascenso de dos hermanos Tiberio y Gayo Graco al Tribuno. En 133. Tiberio Graco fue electo al tribuno e hizo un llamado para una reforma agraria y una mejor distribución del botín de guerra. Pero fue contrarrestado por el Senado. Después hizo un mal cálculo político pues trató de intervenir en la política exterior, un tema del que el Senado reclamaba como exclusivo. Esta interferencia fue demasiada para la élite política y en 132 fue asesinado con otros 300 de sus simpatizantes.
El asesinato de Tiberio Graco no resolvió el dilema político que enfrentaba Roma. En 123-22 el hermano de Tiberio, Gayo, intentó implementar otra reforma que habría alterado el equilibrio de poder entre el Senado y los patricios favoreciendo al pueblo. También fue asesinado. El ciclo recurrende de intentos de reforma continuó con otro llamado L. Apuleyo Saturnino quien en 103 y 100 A.C. se alió con el general romano C. Mario para resolver la situación de un número en aumento de veteranos romanos que carecían de tierras. Esta alianza estuvo llena de consecuencias para el futuro, pues los generales romanos se aliaron con la gran masa del pueblo para convertirse en reformadores sociales y árbitros políticos. El resultado final fue que los soldados romanos debían lealtad a otros generales en vez de a la república.
Para 91, la situación social de Roma había llegado al punto de una guerra social. Este fue un levantamiento basado en demandas de una reforma agraria y una mayor distribución del botín de guerra. Roma compró a los agitadores al dar ciudadanía a todos. Para 83 A.C. el Senado concedió a todos en la península Itálica.
El conceder ciudadanía las masas fracturó la estructura social y puso las bases para la llegada de los tiranos. Estos hombres habían obtenido gloria al combatir y con ello vino mucho poder y dinero. Los tiranos usaron su poder y gastaron su dinero para obtener apoyo de las masas. Los dos más importantes fueron C. Mario y L. Cornelio Sula. Mario se volvió famoso al luchar en el norte de Italia y ganó batallas importantes contra las tribus germánicas. Utilizó su poder para influenciar en la política romana pero no utilizó la fuerza armada directamente. Sula se hizo cargo de esto último. Había ascendido al rango de cónsul y después general, y bajo las capacidades de este cargo fue responsable de la destrucción de Atenas en 86 A.C. En vez de simplemente influenciar en la política, Sula desplegó sus ejércitos sobre Roma y tomó el título de dictador, que mantuvo por dos años, en vez de seis meses, que era lo tradicional. Aunque Sua actuó como un tirano, trató de asegurar que no hubiera tiranos en el futuro al refundar Roma de una forma más conservadora. Reorganizó la forma de lidiar con las provincias y el ejército, agregando el principio de rotación para que ningún gobernador o general se volviera demasiado poderoso. Regreso el poder al Senado esperando que pudiera mantener el control. No funcionó de esa forma pues el Senado falló al no poder evitar el surgimiento de nuevos tiranos. Y el uso de la violencia se convirtió en un modelo de conducta en vez de ser la excepción.
Para 70 A.C. la situación había cambiado dramáticamente. Un general romano llamado Pompeyo que se había hecho rico y famoso pacificando España fue elegido cónsul y logró un acuerdo con el otro cónsul, el general Marco Craso, para compartir el poder político. Los éxitos militares de Pompeyo y el talento para robar la atención de otros generales lo volvió muy poderoso pero también muy impopular. Para 62 Catón el Viejo trató activamente de coartar la carrera militar de Pompeyo para salvar la república. El aliado de Pompeyo, Craso, también se había enriquecido con las conquistas en Oriente y las maquinaciones de Catón lo habían enajenado. Por tanto, en 59 A.C. él y Pompeyo unieron fuerzas con otro poderoso general, Julio César quien había sido electo cónsul. Este sería el inicio del Primer Triunvirato, un acuerdo para compartir poder que permitiría a cada uno obtener puestos lucrativos como gobernador o general. El triunvirato terminó en 54 al morir Craso en una batalla contra los partos en Oriente. Era sólo una cuestión de tiempo para que César y Pompeyo iniciaran una guerra civil.
La guerra comenzó en 49 A.C. cuando César, quien tenía un puesto lucrativo en Gaul, trató de competir por el cargo de cónsul en ausencia, lo que el Senado había prohibido. Alegando que su honor había sido pisoteado, dejó su provincia sin el permiso del Senado –un grave delito- y cruzó el río Rubicón con sus tropas. Como dijo Shakespeare, la muerte estaba echada. César ganó una victoria relativamente rápido en el campo de batalla contra Pompeyo quien huyó a Egipto antes de ser capturado y ejecutado. Por tanto, César se convirtió e dictador de Roma e instituyó una serie de reformas legales que incluían la administración de las colonias, un incremento en la distribución de granos y una revisión del calendario romano. Sin embargo, algunos partidarios de la república lamentaron la acumulación de poder por parte de César y lo asesinaron el 15 de marzo de 44 A.C. Con ello, el poder regresó brevemente al Senado.
Sin embargo, la muerte de César no resolvió el problema de la guerra civil y el desorden. La oposición a la idea de un hombre fuerte rápidamente desapareció y la gente deseaba la paz a cualquier precio. En 43 A.C. un segundo triunvirato surgió en respuesta al caos. Los integrantes eran: el general Marco Antonio, M.A. Lépido y un pariente de César Octavio. Este triunvirato estableció el orden al asesinar a todos sus enemigos políticos incluyendo 300 senadores y alrededor de 2000 caballeros. Entre las víctimas más famosas del triunvirato estuvo el gran estadista republicano Marco Tulio Cicerón. El triunvirato se dividió las provincias de la república en tres esferas de influencia, cada una controlada por uno de los miembros del triunvirato. Lépido controló África. Marco Antonio obtuvo Egipto y Oriente. Octavio tomó Gaul. Lépido salió del triunvirato cuando sus tropas se rebelaron en contra suya y pidió ayuda de Octavio. De nuevo, sólo era cuestión de tiempo antes de que la guerra civil estallara otra vez.
La última guerra civil por el control de la República comenzó con una jugada poco inteligente de Marco Antonio. Antonio se casó con la hermana de Octavio, Octavia para cimentar la relación con su rival. Sin embargo, en 31 A.C. Marco Antonio envió a su mujer embarazada de regreso a Roma y anunció públicamente su relación con la egipcia tentadora Cleopatra.
Octavio explotó estas acciones como jugadas políticas al ponerlas como una ruptura con las virtudes republicanas. En 31 A.C. movilizó sus tropas contra Marco Antonio y lo derrotó en la batalla de Accio. Antonio huyó a Egipto dejando a su ejército a su suerte. Después se suicidó después de oír un rumor falso de que Cleopatra estaba muerta. Cleopatra fue capturada pero en vez de sufrir la bajeza de ser expuesta por toda Roma, dejó que un áspid mordiera su mano y muriera. Con estas dos muertes finalizan dos mundos.
Cleopatra era el último remanente del Imperio Tolemaico que databa de los tiempos helenísticos y con la derrota final del último contendiente por el poder absoluto de Roma, la República Romana falleció.