martes, 19 de agosto de 2008

Sesión 18: La India Clásica y Posclásica, 320 A.C. - 1'000 D.C.

La última vez analizamos cómo las invasiones arias llevaron al desarrollo de reinos pequeños que rápidamente se volvieron rivales. Para el siglo sexto D.C. los reinos pequeños habían sido reducidos al estatus de potencias regionales, que querían expandir su territorio a expensas de sus vecinos. Terminé la última vez mencionando a la primera dinastía verdaderamente nacional, los Maurya. Su estado data de la década de los años 320 A.C. cuando un hombre del ejército llamado Chandragupta Maurya tomó el control del viejo estado de Magadha y de las regiones remotas a lo largo del Ganges. Para 321 A.C. había conquistado todo el Estado y sus tropas se dirigían hacia el norte de la India en el Punjab. De ahí, se movió al otro lado del valle del Indo y sometió a un reino griego conocido como Bactria. Para 300 A.C. el imperio de Chandragupta incluía todo el norte de la India.
El Aspecto más notable de este reino es la calidad de su gobierno. La administración de Chandragupta estaba altamente centralizada y modernizada. Kautilya, el pensador indio a quien mencioné la última vez, construyó muchos de los procedimientos que dominaban este reino. Algunas de sus ideas sobrevivieron en el Arthashastra, que detallaba los métodos correctos para administrar un imperio. Esto incluía cobrar impuestos y fomentar el comercio, así como manipular a otros estados y luchar guerras. Kautilya también recomendaba utilizar espías para reportar sobre la oposición interna. Junto con Kautilya, Chandragupta construyó un gran aparato administrativo que se extendía por toda la India.
El hijo de Chandragupta y su nieto lo sucedieron a su debido turno. Su hijo, Bindusara subió al trono en 297 A.C. Sin embargo, el Maurya más importante fue Asoka (268-232 A.C.) quien se convirtió en uno de los grandes conquistadores de la India. Cuando Asoka se convirtió en rey, el único gran reino independiente era el de Kalinga, que se localizaba en la parte al centro-este de la India. Asoka y el reino de Kalinga luchaban por las rutas comerciales, y en 260 A.C. Asoka conquistó Kalinga en una campaña que mató al menos a 100,000 personas. Después de esa victoria, Asoka se convirtió en el gobernante indisputado que controlaría gran parte del subcontinente indio, y aquí fue donde hizo su gran nombre pues se convirtió en uno de los grandes administradores en la historia de la India. Al trabajar sobre la labor de su abuelo y Kautilya, Asoka cultivó una burocracia organizada y eficiente que desarrolló políticas para todo el imperio. Primero, mantuvo una tesorería central que cobraba impuestos a sus súbditos y pagaba a los clérigos, escribas y otros funcionarios que una burocracia necesita. Segundo, Asoka se aseguró que sus órdenes fueran publicadas por todo el imperio, haciendo que los decretos más importantes fueran tallados en pilares de piedra o en formaciones rocosas naturales. Los pilares se difundían por todo el imperio para que fueran leídos.
La administración de Asoka integró muchas de las regiones remotas de la India en un solo Estado. Asoka alentó el comercio y la agricultura y esto fue muy importante para la centralización del Estado. También invirtió fuertemente en caminos y en sistemas de irrigación, que alentaron a que los agricultores produjeran bienes y permitió que estos bienes se comerciaran en el imperio. Un ejemplo fue la carretera que Asoka hizo construir entre su capital Pataliputra y Taxila, que están a 1,000 millas de distancia. Asoka viajaba por estos caminos de forma fácil ya que se plantaron árboles de sombra, y se construyeron diques y hostales.
Este gran imperio no sobrevivió siquiera a Asoka. Asoka murió en 232 A.C. y sus sucesores fueron incapaces de pagar por un estado tan grande. Los costos administrativos excedían los ingresos y los emperadores Maurya recurrieron a devaluar su monedad para cubrir los gastos, lo que exacerbó el declive de la dinastía, y para el año 185 A.C. había desaparecido. De aquí hasta el próximo gran imperio, que fue fundado en 320 D.C., la India se encontraba en un periodo de flujo pues varios reinos ascendían y caían. No abundaremos en detalles sobre este periodo turbulento pero analizaremos el papel que la religión jugó en este imperio emergente. Como dije la última vez, el reino de Magadha trajo una de las grandes religiones mundiales, el budismo, y hoy analizaremos cómo el fermento religioso del siglo quinto A.C. contribuyó a la estabilidad dinástica posterior.
Siddharta Gautama nació alrededor del año 450 A.C. en una clase ksatriya, hijo de Suddhodana, quien era rajá Sakya, una de las repúblicas de la India. Gautama tenía cierta experiencia en el comercio y vivía una vida confortable. Por razones desconocidas, se rehusó a este tipo de vida y se fue por los caminos de la India, visitando Vaisali, la capital de Licchavi, Sravasti, una ciudad importante en Koshalan, y Rajagriha en Magadha. Gautama estudió con una variedad de profesores, aunque sus ideas no le satisficieron. Alrededor del año 400 A.C. Gautama conoció al rey de Magadha, Bimbisara, quien le dijo que debía regresar a su lugar correcto, e inclusive ofreció ponerlo de nuevo en los negocios. Gautama se negó y continuó con su estudio de meditación y autoabnegación. Después de una meditación prolongada bajo un árbol, Gautama finalmente se aisló de la naturaleza del sufrimiento y formuló un esquema para superarlo. Ahora era Buda, el “Iluminado”, y predicaba sus doctrinas. El budismo originalmente no era una revelación religiosa sino un sistema de alta introspección. La enseñanza básica de Buda era que la vida humana se volvía soportable al controlar al deseo aunque sin un ascetismo extremo. Aquellos que se controlaban alcanzaban el nirvana, que era una liberación del ciclo continuo de renacer, que era en lo que se basaba el budismo.
El Budismo se volvió una corriente política importante pues las enseñanzas de Buda encontraron pronto adeptos entre los líderes indios, especialmente el rey de Magadha. Magadha crecía y el budismo también, convirtiéndose en una fuerza religiosa en la India, antes de ser exportada a China y al resto de Asia. En este momento el budismo se convirtió en la primera religión del mundo en dejar las fronteras políticas de su cultura natal. Pero para regresar a lo que estaba diciendo antes, el budismo siguió siendo importante durante la dinastía Maurya, en particular con Asoka pues se convirtió en un gran partidario de las tradiciones budistas. De hecho, Asoka se horrorizó tanto de la muerte y destrucción causada por su guerra contra Kalinga que adoptó los preceptos básicos del budismo, especialmente su asociación con la no violencia. Asoka no se convirtió en un santo pero su remordimiento por la gran matanza parece haber cambiado sus políticas. De esta forma, el budismo se convirtió en una parte central de la cultura india, aunque nunca eclipsó al hinduismo como la religión más importante.
Después de la caída de los Maurya, el siguiente imperio centralizado que aparecería en la India era el de los Guptas. Los Guptas también eran originarios de Magadha, que era la región más importante debido a su riqueza y localización en el Ganges. El imperio Gupta comenzó con Chandra Gupta (sin parentesco con Chandragupta Maurya), quien estableció un reino poderoso por medio de un sistema de alianzas con familias poderosas alrededor del año 320 D.C. Sus sucesores, Samudra Gupta (335-375) y Chandra Gupta II (375-415), reconstruyó el viejo imperio de Magadha con su capital en Pataliputra y atacó a sus vecinos en un intento de reconstruir el viejo imperio. Fueron extremadamente exitosos aunque Deccan, la región más al sur de la India, continuó fuera de su alcance. El imperio Gupta nunca alcanzó el mismo grado que el de los Maurya, y tampoco estaba tan bien organizado. Mientras que Asoka había sido un gran administrador, manteniéndose al tanto de todo tipo de asuntos regionales, los Gupta centralizaron el poder, permitiendo que los gobiernos locales administraran la mayor parte de sus asuntos. Este sistema de supervisión benevolente funcionó bien, trayendo estabilidad a la India que no la había conocido por casi quinientos años. Esta fue una época dorada en muchos aspectos pues el país estaba bien administrado. Un budista chino llamado Faxián escribió en un recuento de sus viajes por la India durante el reinado de Chandra Gupta II que el país era próspero y que había muy poca actividad criminal.
La receta de Gupta para la paz y estabilidad alcanzó sus límites cuando los invasores extranjeros llegaron. Los hunos blancos, un pueblo nómada, llegó de Asia central a finales del siglo cuarto D.C. Los Guptas evitaron a los hunos por un rato pero los costos fueron muchos y los hunos entraron a la India en el siglo quinto, estableciendo sus propios reinos en el norte. El poder comenzó a erosionarse y los administradores locales, quienes ya tenían autonomía significativa bajos los Guptas, de forma lenta se convirtieron en gobernantes locales. Para mediados del siglo sexto el imperio Gupta se había perdido. La India tendría que esperar por el establecimiento del Imperio Mogol antes de que regresara la autoridad imperial.
El colapso Gupta marcaría el comienzo de una tendencia importante en la historia india: el norte y el sur seguirían caminos diferentes. El norte enfrentaría un caos político pues los reinos lucharían entre sí y los turcos aprovecharían el caos para entrar en la India y establecer sus propios asentamientos. Sin embargo, el sueño del gobierno imperial nunca desapareció. Durante el siglo séptimo el rey Harsha (606-648 D.C.) logró reunificar la mayor parte de la India por medio de acción militar en 612. Harsha disfrutó de la reputación de algo parecido a un gobernante ideal. Aunque era budista, toleraba otras religiones. Construyó hospitales y dio atención médica gratuita a sus súbditos, aunque no está claro lo que esto significaba, dada la situación de la medicina en aquel entonces. Harsha también era generoso con sus súbditos, dándoles regalos y recursos, en lo que parece haber sido una continuación de las viejas tradiciones arias del liderazgo de clanes. Pero ni siquiera Harsha pudo construir un estado lo suficientemente fuerte que sobreviviera. Se había devuelto demasiado poder a los reyes locales como para que Harsha pudiera retomarlo, y aunque viajaba por su imperio constantemente para mantener a raya a los gobernantes locales, el hecho era que éstos seguían siendo gobernantes locales que sólo hacían lo que consideraban benéfico para sus intereses. Cuando asesinaron a Harsha en 648 no había ningún heredero legal y ningún personaje desconocido se hizo presente. El imperio se desintegró de nuevo.
El tumulto político en el norte de la India abrió la puerta al Islam. Las fuerzas árabes entraron al Punjab a mediados del siglo séptimo, aunque estas sólo eran incursiones. En 711, una expedición importante conquistó el Sind, el valle del Indo y gran parte del noroeste de la India. Estas áreas eran gobernadas como parte del califato de Umayyad, y después se volverían posesiones abásidas. El Sind nunca se incorporó completamente al Islam. Gran parte de la población siguió siendo hinduista o budista mientras que los que se convertían al Islam cultivaron versiones heterodoxas. En la mayoría de las veces, la autoridad política árabe en la región estuvo limitada y esto permitió que gran parte del noroeste de la India permaneciera como estaba, aunque oficialmente estaba bajo control abásida hasta 1258, cuando los mongoles depusieron al último califato.
En términos generales, el Islam no se difundió en la India por medio de la autoridad política. El Islam se movía con el comercio, como lo fue en el caso del norte de África y el Medio Oriente, pues los mercaderes píos y los predicadores llevaban su religión a nuevas áreas. De esta forma el Islam se movió por el norte y el sur de la India. Los mercaderes musulmanes formaron comunidades pequeñas a lo largo de la costa de la India y comúnmente se casaban con la aristocracia local. Por tanto, los musulmanes entraron de forma lenta a la sociedad india y para el año 1000 D.C. surgieron grandes comunidades de musulmanes a lo largo de las costas.
El Islam también llegó a la India por otra forma, es decir, las invasiones turcas del siglo once. Entre los años 1001 y 1027, un líder musulmán en Afganistán de nombre Mahmud Ghazni se involucró en incursiones punitivas múltiples en el norte de la India. Utilizó el malestar político local para anexarse gran parte del noroeste de la India y el Punjab. El reino de Mahmud no es recordado de forma cariñosa por los indios, pues consideraban al gobierno como una forma de saqueo organizado. Mahmud y sus aliados saquearon cientos de lugares religiosos asociados con los hindúes y budistas infieles, destruyendo templos para que se construyeran mezquitas encima. De hecho, en 1025, después del saqueo de la ciudad sagrada de Somnath en el valle del Ganges, tomó pedazos del gran templo y los llevó a Afganistán, donde los puso como escalones de la mezquita de Jami Masjid, para que los pies de los creyentes pudieran profanar la fe hindú cada vez que iban a rezar. Durante finales del siglo duodécimo, los sucesores de Mahmud conquistaron el norte de la India en vez de saquearlo. Para el siglo décimo tercero, gran parte del norte de la India estaba bajo control islámico y el estado islámico resultante se conocería como el Sultanado de Delhi, que gobernaría el norte de la India desde 1206 hasta 1526. Este gobierno era laxo en el mejor de los casos pues la autoridad del sultán se extendía más allá de Delhi. Tenía que depender de los reyes hindúes para administrar los asuntos locales. De hecho, gran parte de la población permaneció hindú, a pesar de la fachada islámica.
Mientras las invasiones y el caos político reinaban en el norte, el sur de la India continuó con su propio camino. Permaneció políticamente fracturado pero casi uniformemente hindú. A veces había guerras regionales pero esto sucedía muy poco y no eran tan intensas como las guerras del norte. El sur tenía dos reinos importantes durante gran parte del periodo islámico. Muy en el sur apareció el reino de Chola en el siglo noveno. Centrado en la costa Cormandel, dominó la política en el sureste desde 850 hasta 1267. En su apogeo, el imperio Chola alcanzó partes del sureste de Asia, inclusive conquistó la isla de Ceilán. Como potencia comercial, Chola utilizó su riqueza para patrullar el océano desde el Mar de China al sur hasta el Mar Arábigo. El segundo estado, el reino de Vijayanagar, apareció en 1336, cuando dos hermanos renuncian al Islam, a quienes el sultán de Delhi había mandado para administrar el Deccan. Este estado indio se volvió dominante en el sur de la India hasta que cayó ante el naciente imperio Mogol en 1565.
Al haber mencionado la competencia entre el hinduismo y el Islam, es mejor que los analicemos de forma conjunta. Ya he discutido cómo el Islam ascendió y se difundió entre los indios entre los siglos quinto y cuarto A.C. Aunque el budismo originalmente no era una religión divina, lentamente se volvió una debido al ascenso del budismo mahayana, lo significaba esencialmente la conversión de Buda y de sus grandes seguidores en objetos de veneración divina. Cuando los invasores árabes -y después turcos- llegaron, a la India, el budismo mahayana probó ser incompatible con su forma agresiva del Islam. Por tanto, los invasores islámicos saqueaban de forma rutinaria y quemaban los lugares sagrados y los monasterios budistas. Un ejemplo es el ataque n 1196 a la ciudad de Nalanda que era un sitio de peregrinaje. Muchos de los budistas chinos acudían a estudiar con los filósofos y teólogos budistas más sobresalientes. Los atacantes quemaron las bibliotecas y mataron o exiliaron a los monjes. El budismo indio nunca se recuperó de este ataque y pronto se convirtió en una religión minoritaria en la tierra de la que surgió.
Sin embargo, el declive del budismo fue en beneficio del hinduismo. El hinduismo es una religión amplia, que tenía bastante espacio para los cultos locales y objetos de veneración. En el siglo duodécimo el hinduismo se volvió popular por medio de la propagación de dos cultos que veneraban a Vishnú y a Shiva. Vishnú era venerado como el conservador del mundo, un dios que lo supervisaba y ocasionalmente bajaba en forma humana para combatir al mal. Shiva era el dios de la fertilidad y de la destrucción. Traía la vida en cada estación y la tomaba cuando la estación había pasado. Mientras la veneración de estos dos dioses se propagaba, el hinduismo se expandía también. De hecho, uno de los secretos de estos cultos es que ambos se identificaban con cualquier clase de dioses locales. Por tanto, cada dios tenía muchas caras e incluso varios nombres. Si viajan a la India, encontrarán que aunque religiones diferentes adoran a Vishnú, éste se ve diferente en cada caso. Estos cultos se volvieron populares porque prometían la salvación eterna. Los adoradores esperaban que al apaciguar a estos dos dioses con comida y bebida se podría obtener un unión mística con ellos y ser salvados.
Por su parte, el Islam sólo creció lentamente entre los indios. Comenzó a diseminarse por medio de las comunidades de comerciantes –como ya hemos dicho- pero se vio alterado por las políticas de los ejércitos invasores. Primero, la religión de los conquistadores difícilmente se vuelve popular. Segundo, los conquistadores no eran muy generosos con los indios, inclusive con aquellos que se habían convertido. Los más altos empleos en la nueva administración estaban casi totalmente reservados para los árabes, persas o turcos, dándoles a los indios pocos incentivos para convertirse. No obstante, muchos sí se convirtieron. Para el año 1500 había cerca de 25 millones de musulmanes en la India. Algunos indios trataron de utilizar el Islam para romper el sistema tradicional de castas.
Los hindúes de castas bajas se podrían convertir al islamismo y por tanto, escapar de las formas tradicionales de discriminación. Por lo menos esto era en teoría. De hecho las castas sobrevivieron al Islam pues los musulmanes conversos todavía trabajaban en sus labores asignadas por la casta después de unirse a la nueva fe.
Para concluir, para finales del siglo duodécimo, la India evolucionó de un punto en donde aparecieron las bases para las estructuras actuales. Esa parte de la India es en la actualidad Pakistán y es musulmana. La India propiamente dicha es en su gran mayoría hindú. Las tradiciones imperiales y otras tradiciones culturales que he analizado continuaron desde el año 1000 hasta la llegada de los ingleses a finales del siglo diecisiete. Lentamente, la tradición imperial inglesa se apropió de la India, culminando con el nombramiento de la Reina Victoria por parte de Benjamín Disraelí con el título de emperatriz de la India en 1876. No obstante, la continuidad cultural básica que ha marcado tanto de la historia de la India persiste hasta nuestros días. La India sobrevivió tanto a gobernantes árabes musulmanes como a ingleses protestantes.