martes, 19 de agosto de 2008

Sesión 11: El Norte de Europa y las migraciones germánicas, 400 - 900

En esta sesión analizaremos las bases de lo que después se convertiría en Europa. Ya hemos analizado cómo el imperio romano cayó y continuó en nuestras discusiones sobre las divergencias entre el occidente y el oriente. Mientras que el occidente decaía económica, social y políticamente, el oriente se volvía poderoso en todas las áreas. La migración de tribus germánicas al imperio de occidente, particularmente durante el siglo quinto, le dio al imperio un último empujón pero también fue una señal de cambios importantes pues movió el centro de gravedad de Europa del sur y del Mediterráneo hacia el norte y el Atlántico. Esta tendencia sería fundamental para el concepto de “Europa” y por tanto es importante entender cómo y porqué Europa se expandiría después alrededor del mundo.
Aproximadamente en el año 406, muchas tribus germánicas cruzaron el Rhin, posiblemente huyendo de la avanzada de los hunos. Los godos, los vándalos, los borgoñeses y los suavos se dirigieron al sur o al este dependiendo de las oportunidades que se les presentaban. Uno de los efectos de esta migración fue casi la total salida de las tropas romanas de Gran Bretaña, lo que dejó a la zona indefensa ante posibles invasiones. Como resultado, Gran Bretaña fue invadida desde tres zonas diferentes durante el siglo quinto. Los invasores eran tribus diferentes y atacaron asentamientos romano-británicos. Desde el norte vino una tribu llamada pictos, desde el oeste vinieron los irlandeses y desde el este atacaron los anglos, los sajones, los frisios y los jutos. Los ataques de los pictos fueron solamente incursiones sin llegar a conquistas. Los irlandeses fundaron asentamientos en el área que hoy se conoce como Gales. (Aparentemente, la palabra sajona para extranjero era Welsh, y la región tomó el nombre por esta palabra). Las tribus germánicas se expandieron por el sur hasta que controlaron lo que hoy es Inglaterra. Un resultado de esto fue que los ingenuos bretones se fueron de la isla y se asentaron en el área del noroeste de Francia en lo que hoy se llama Bretaña.
La provincia romana de la Galia siguió un patrón similar. Para la década de 430, la presencia militar romana no era sólo pequeña sino escasamente romana pues la mayoría de los miembros eran mercenarios germánicos. Este ejército heterogéneo repelió a los vándalos y a los suavos hacia España pero permitió que los borgoñeses y otra tribu, los francos, se asentaran en la región del Rhin. Los borgoñeses construyeron un reino alrededor de sus capitales gemelas de Lyon y Ginebra, una región que todavía se llama Borgoña. Los francos se volvieron importantes con el ascenso de su primer gran rey Childerico, cuya capital era Soissons. Childerico fue al parecer un político muy astuto. Cooperó con los romanos contra los visigodos y los sajones y respetó la iglesia gala aunque él fuera pagano. Al escoger bien sus alianzas fundó un reino que determinaría el curso de los eventos en Europa Occidental.
El hijo de Childerico, Clodoveo extendió ampliamente las fronteras del reino de los francos. Sometió a los romanos en la parte norte de Galia en parte por la fuerza de las armas en parte por convertirse al catolicismo. Cimentó su poder entre los francos al asesinar a los reyes rivales. Conquistó otras dos tribus germánicas, los turingios en el este y los alamanos del suroeste de Alemania (Los alamanos, dicho sea de paso, son el origen de los nombres de Alsacia y de Alemania). Finalmente en 507, Clodoveo condujo a un ejército al sur para derrotar a los visigodos en el Valle del Loira. Clodoveo murió en 511 pero sus hijos continuaron con las conquistas destruyendo el reino de Borgoña y anexándose la región conocida como Provenza. Para mediados del siglo sexto, la línea de reyes descendientes desde Childerico y Clodoveo, la dinastía merovingia, era la familia reinante más poderosa en el continente europeo.
Aunque los francos controlaban toda la Galia y gran parte de Alemania, las grandes migraciones no se habían acabado. Los bávaros, o bajuvari, entraron al valle alto del Danubio. Los ávaros, un pueblo nómada de Asia central entró en el valle medio del Danubio desplazando a los lombardos que se asentaron en Italia, estableciendo un reino que sería destruido después por los francos. Como ya saben, los búlgaros se establecieron en los Balcanes en el siglo séptimo. Finalmente los eslavos, un pueblo que vivía en el noreste de Europa, también migraron hacia los Balcanes pasando por el Danubio moviéndose por Bohemia, Moravia y el área de Fístula y el Elba que las tribus germánicas habían dejado vacía. Aunque todavía falta mucho para que podamos hablar de “Europa”, las líneas étnicas básicas de la historia europea ya habían surgido.
Ya que hemos trazado la llegada de varios pueblos bárbaros, debemos analizar quiénes eran. Para los romanos por supuesto cualquiera que no fuera romano era un bárbaro. Pero esto no nos dice nada acerca de sus prácticas culturales. La sociedad bárbara estaba estrictamente estratificada con aristócratas en la cima y los esclavos y los hombres semi-libres estaban hasta abajo. Uno podía nacer aristócrata pero era posible convertirse en noble obteniendo tierras por medio de servicio al rey. Esta estructura social estaba definida de forma rígida por medio de códigos legales. Bajo estos códigos, cada hombre tenía un valor monetario asociado con su posición social. Las tribus germánicas llamaban a este sistema wergild, los galeses le llamaban galanas y los irlanedeses lóg n-enech. Mientras más alta fuera la posición social más alto era el precio. En caso de muerte, accidente o asesinato la parte culpable y sus parientes tenían que pagar el precio asignado a los familiares de la víctima. Aparejado con esto, estaba la práctica de dar mayor peso al testimonio de la gente con mayor precio por lo que un juramento hecho por un aristócrata era más importante que el de un hombre libre común y corriente. Como se pueden imaginar, estas distinciones legales básicas dieron fundamento a las distinciones sociales que dominarían en la Edad Media.
Los bárbaros del norte era una sociedad tribal lo que explicaba porqué las relaciones familiares eran tan importantes. Aquí necesitamos tomar en cuenta un aspecto importante de estos grupos: las concepciones germanas de los derechos de propiedad. Primero, de acuerdo con la ley germánica ninguna persona podía simplemente poseer tierras, la familia siempre retenía ciertos derechos sobre la tierra que cualquier persona poseyera. Esto dificultó la vida de la iglesia primitiva pues si los bárbaros ricos querían regalar tierra siempre estaban sujetos a disputas posteriores o inclusive a que las incautaran. En respuesta, la iglesia desarrolló un compromiso importante con los bárbaros ya que cualquier tierra que hubiera sido donada para fundar una iglesia o monasterio quedaría bajo protección de los bárbaros, siempre y cuando le “perteneciera” a la iglesia. Esto generó una serie de problemas pues la iglesia se resistía a ejercer influencia sobre sus iglesias o monasterios pero los bárbaros consideraban que las medidas de control eran su derecho legal.
Los conflictos resultantes se convertirían en un problema político central en los años posteriores al año 1000. El segundo aspecto de los derechos de propiedad germanos que será importante en este análisis es la herencia. Las tribus bárbaras practicaban lo que se llamó herencia divisible, esto es, que con la muerte de un bárbaro la propiedad se repartía de forma equitativa entre sus hijos. Esta práctica se volvió problemática políticamente ya que los reinos bárbaros también estaban sujetos a desmembramiento con la muerte del rey. Analizaremos el desmembramiento posteriormente en esta sesión.
A esto tenemos que añadir la propensión de los bárbaros a la guerra. Todas las tribus bárbaras eran aficionadas a las operaciones militares y utilizaban los meses de verano para invadir inesperadamente a sus vecinos, ya sea por diversión o por obtener un botín. Sin embargo, en la medida en la que las tribus se desplazaban y la guerra se volvía endémica para las vidas de los bárbaros, esta propensión a luchar se convirtió en el fundamento de un nuevo sistema político. Durante las grandes migraciones ciertos líderes tribales lograron juntarse con grandes guerreros a quienes recompensaron con botines y especialmente con tierras. Por tanto para el siglo séptimo, Europa estaba llena de reinos pequeños gobernados por un monarca quien dependía a su vez de una aristocracia terrateniente que estaba acostumbrada a la guerra. Otra vez tenemos una pequeña vista del mundo que vendrá: desde el siglo quinto en adelante, se modeló un sistema legal socialmente estratificado a partir de una forma militarizada de vida. Esto hizo de los reyes y las guerras algo inevitable pero también creó tensiones primarias que fructificaron extraordinariamente durante la Edad Media.
Analicemos de forma más detallada la familia real que hizo la mayor parte en modelar a la Europa que surgiría en el periodo posromano: los carolingios. Para mediados del siglo séptimo los merovingios gobernaban pero sólo de nombre. Durante el siglo previo surgió una posición política conocida como el “Mayordomo del Palacio” y los mayordomos tomando decisiones mientras los reyes reinaban. Para finales del siglo séptimo esta posición la dominaba solamente una familia que fundaría la dinastía carolingia. Y había una gran cantidad de trabajo por hacer. Comenzando con Pepino I, los futuros carolingios lucharon contra movimientos separatistas en Alemania, Aquitania y Borgoña. Además de repeler una invasión musulmana. El nieto de Pepino, Carlos Martel hizo la mayor parte en este último punto. No sólo unificó a la Galia y sometió a las regiones rebeldes vecinas sino que repelió al ejército árabe en 732 en la batalla de Tours. Los ejércitos árabes estaban interesados en despojar el rico sepulcro de San Martín. Esta batalla de gran importancia histórica ha sido sobreestimada y algunos la consideran como un gran giro contra el Islam. Sin embargo, fue importante en la historia de Europa porque permitió a los carolingios extender su poder en el sur de la Galia. El hijo de Carlos Martel, Pepino III replegó a los árabes hacia España y terminó con las rebeliones en Borgoña, Aquitania y Provenza. Una gran potencia del norte de Europa se había creado.
La supremacía de Pepino III señala el giro hacia el nuevo orden en Europa del norte. En 751 Pepino mandó un emisario a roma para preguntarle al Papa si alguien que tenía poder también debía tener el título de rey. El papa Zacarías contestó que, en efecto, alguien con poder debía llamarse rey. Pepino despachó rápidamente al último merovingio, Childerico III a un monasterio y asumió el trono como Pepino III. Los Carolingios, llamados así por Carlos Martel, eran oficialmente reyes de los francos. El nexo entre el papa y el rey de los francos se convirtió en importante para el futuro de Europa. En 753, el papa Esteban II visitó al rey Pepino I para pedirle ayuda contra los lombardos quienes habían usurpado tierras de la iglesia. Surgió un quid pro quo clásico en el que Esteban ungió a Pepino con el santo aceite legitimando su usurpación y los carolingios se convirtieron en el nuevo protector del papado, reemplazando al emperador bizantino quien estaba ocupado luchando contra los árabes. Pepino forzó rápidamente a los lombardos a devolver las tierras robadas.
La conexión entre el poder terrenal de los francos y el poder espiritual del papa logró su total desarrollo bajo el reino del hijo de Pepino, Karolus Magnus o Carlomagno. Carlomagno extendió su poder hacia el este en territorio sajón y al sur en Italia. Su largo reinado y logros percibidos lo convirtieron en el modelo del rey ideal por siglos. (Por ejemplo, la palabra polaca para rey, Karolyi, viene de Karolus). Sabemos por sus biógrafos medievales que era un hombre grande y vigoroso. Como buen guerrero germano, amaba montar a caballo y la cacería. También le gustaba bañarse – lo que no era muy normal entre bárbaros- y esto lo llevó a establecer su capital en la ciudad alemana de Aachen, que tiene abundantes aguas termales. Hablaba y leía tanto en latín como en francés y entendía el griego. Estudiaba gramática, retórica y matemáticas bajo la tutela de clérigos ilustrados quienes habían sido congregados en su corte. Sin embargo, nunca dominó el arte de escribir pues había empezado a aprender muy tarde. Existen historias conmovedoras en sus biografías acerca de cómo tenía tablas para escribir debajo de su almohada para que pudiera practicar cuando no podía dormir.
Sin embargo, no importa que tan “ideal” pudiera ser como rey, la fama de Carlomagno descansa en su éxito en la guerra. En 773-774, venció a los lombardos al convertirse en su rey. En 781 venció a Aquitania y puso a su hijo Luis en el trono. También venció a los sajones en una serie viciosa de campañas antes de enfrentarse a los daneses. Después sometió a los bretones, a los bávaros y varios pueblos eslavos antes de destruir al reino ávaro de Hungría. Más aún, en el sur comenzó la reconquista de España contra los árabes y estableció la marcha española en el noreste de España. Sufrió una derrota seria en Roncevaux en los Pirineos, pero de hecho incrementó su fama pues su derrota es recordada en el Cantar de Roldán y otras canciones de gesta. Pero quizá su logro más importante fue su coronación como Emperador del Sacro Imperio el día de navidad en el año 800. En 799, el papa León III fue atacado por un rival en Roma quien intentó dejarlo ciego y cortar su lengua. El papa escapó de cualquier daño y huyó al norte, donde Carlomagno ordenó que el papa fuera reinstaurado. El siguiente año, Carlomagno visitó Roma y el papa León lo coronó como emperador del Sacro Imperio. Se ha dicho por mucho tiempo que el papa León engañó a Carlomagno pero esto es poco probable.
Carlomagno ya había comenzado a actuar como emperador antes de que fuera coronado y el nuevo título sirvió para las necesidades de todos los interesados. El papa tenía a un “emperador” como aliado y Carlomagno tenía un nuevo título que podía utilizar para cortejar el apoyo de otros príncipes que no estaban impresionados por el título de rey de francos y lombardos.
La influencia política de Carlomagno se tradujo en poder cultural. Desde el inicio de su reinado, a Carlomagno y a sus consejeros les importaba reformar las prácticas religiosas en los terrenos francos. Su más alta prioridad fue entrenar y mantener a un cuerpo educado del clero que podía evangelizar y supervisar a las iglesias locales. Como resultado de este deseo, los clérigos de la corte de Carlomagno desarrollaron textos para enseñar latín a los que no lo hablaban. Sin embargo, para este entonces los dialectos locales en regiones que anteriormente hablaban latín en la Galia divergían tanto del original que estos libros de texto ayudaron a matar al latín en la medida en la que se convertía en una herencia cultural de una élite educada que se separaba del resto de la sociedad. La creación de esta élite educada también le dio a Carlomagno una gran cantidad de reclutas letrados para su aparato estatal. En el siglo noveno eran los clérigos los que escribían cartas y conservaban libros. Esto fue un desarrollo importante para historia pues en la medida en la que se incrementaba el número de personas educadas también se elevaba la actividad intelectual. Los que ha llamado el Renacimiento Carolingio produjo una generación de poetas, historiadores, teólogos y filósofos cuyo trabajo rivalizaba por primera vez desde la antigüedad con el trabajo de los académicos romanos. Este resurgimiento fue frágil y no sobrevivió al malestar político en el siglo noveno.
El imperio de Carlomagno no estaba destinado para durar por dos razones. Una fue interna y la otra externa. Las razones internas tuvieron que ver con la tradición germana de herencia divisible. Carlomagno tuvo tres hijos y dividió su reino entre ellos. Sin embargo, dos de sus hijos murieron antes que Carlomagno y el reino entero y el título imperial pasaron a manos de su hijo Luis el Pío. Luis también tuvo tres hijos pero tuvo un problema más difícil: algunos de sus primos también querían tomar su parte del imperio. En 817, Luis decidió dividir su imperio entre sus tres hijos. El más grande, Lotario recibió el título imperial y las tierras alrededor del Rhin. Luis el Germánico obtendría las tierras al este, y Pepino de Aquitania recibiría las tierras al oeste. Esto prendió la mecha para un levantamiento que terminó con uno de los primos de Luis pues lo dejaron ciego. Sin embargo, un problema más grande estaba a por ocurrir pues Luis se volvió a casar después de la muerte de su primera esposa y su nueva esposa tuvo un hijo con él al que llamaron Carlos el Calvo. Luis el Pío quería incluir a Carlos el Calvo en su testamento lo que desató una guerra civil. La lucha continuó hasta 843 cuando Pepino murió. Por el tratado de Verdún, los tres hijos que quedaron se dividieron el imperio en las líneas anteriormente descritas. Cuando Lotario murió, su reino se dividió y Luis y Carlos comenzaron a luchar. Esto fue importante por dos razones. Primero, las potencias al este y al oeste del Rhin, que se convertirían en Alemania y Francia respectivamente, no terminarían de luchar por este territorio sino hasta 1945. Segundo, al mismo tiempo que el imperio de Carlomagno estaba en desarraigo otro pueblo apareció en el horizonte europeo que ahora el mundo conoce como los vikingos.
Los vikingos surgieron de Escandinavia a principios del siglo noveno como comerciantes de plata, pieles y otros recursos naturales. Sus barcos llegaban hasta Rusia y viajaban por el Mar Negro donde comerciaban con Bizancio y el imperio abásida. Sin embargo, en las décadas de 820 y 830 los problemas en el imperio abásida llevaron a la escasez de plata lo que forzó a los vikingos a convertirse en piratas. Inicialmente, los resultados fueron devastadores. Los vikingos saqueaban las costas de Irlanda, Inglaterra, Francia y España antes de dirigirse al sistema de ríos europeo y atacar ciudades como París, Colonia y Trier. Como muchos invasores, los vikingos se asentaron y fundaron sus propios reinos. En la década de 860 los vikingos establecieron un reino pequeño en Inglaterra que se conocería como Danelaw. En 911, el rey franco Carlos el Simple legitimó las incursiones de un vikingo llamado Rollo al concederle el área alrededor de Ruán. Hasta hoy la región se conoce como Normandía, por ser la tierra de los hombres que vienen del norte. Los vikingos también fundaron una dinastía en el este centrada en la ciudad de Kiev. Al hacerse llamar los Rus’ estos vikingos establecieron un estado bajo el gobierno de Rurik quien pronto amenazó al imperio bizantino en el sur.
Por tanto, con la llegada y eventual asentamiento de los vikingos, el futuro de Europa se divisa. El cristianismo llegó a Escandinavia como resultado de las incursiones vikingas y la inestabilidad política alentó a nuevos reyes en nuevas regiones. Para el año 1000, cuando la cristiandad celebraba su primer milenio, el hecho y la idea de Europa como una región cristiana había comenzado a tomar forma. El mundo sentiría estos efectos tanto en las cruzadas como en la expansión posterior en el exterior.