martes, 19 de agosto de 2008

Sesión 8: Del Principado al Imperio (27 A.C. - 324 D.C.)

La victoria de Octavio sobre Marco Antonio resolvió dos problemas que habían atormentado a la república romana tardía. Primero, trajo la paz. Segundo, mantuvo una fachada de constitucionalidad que los antiguos dictadores, como Julio César, habían evitado. Por tanto, Octavio satisfizo a una generación anterior que había surgido durante la república, así como darle paz a una generación más joven que creía era valiosa a cualquier precio. En resumen, Octavio era un líder militar fuerte y un político astuto. La combinación de estas habilidades completó la caída de la república pero también dio ventajas compensatorias a los romanos que analizaremos después de ver los orígenes de Octavio.
Octavio nació en 63 A.C. hijo de Gayo Octavio y Atia Veii. Los Octavio eran una familia próspera pero sólo habían alcanzado el estatus de équites. Gayo había sido elegido pretor pero cualquier esperanza de llegar a ser cónsul murió con él en 58 A.C. Sin embargo, Atia legó algunas de las conexiones sociales importantes con su hijo. Venía de linaje senatorial del lado de su padre y su madre había sido hermana de Julio César. Esto resultó ser importante ya que Julio César tuvo solamente una hija que murió en 54 A.C. César estaba impresionado por el joven Octavio y oficialmente lo adoptó. La adopción fue buena para ambas partes pues Octavio obtuvo el nombre glorioso de los Julio César y por medio de Octavio ese gran nombre sobreviviría. Por tanto, en 44 A.C. con el asesinato de César, Gayo Julio César Octavio de dieciocho años fue introducido al remolino de la política romana. La confianza de César en el joven parecía bien cimentada. No sólo Octavio sobrevivió los años turbulentos de la guerra civil sino que catorce años después también había eliminado a sus rivales evadiendo el destino de César. Ahora analizaremos cómo logró esto.
Parece una paradoja pero Octavio minó a la república al respetar todas sus antiguas formas. Su gobierno siempre fue personal y limitado y esto fue lo que lo salvó. Por ejemplo, en 28/27 A.C. Octavio cedió todos los poderes que había adquirido con su victoria sobre Marco Antonio y los regresó al Senado y al pueblo de Roma, quienes rápidamente le devolvieron la mayor parte de los poderes principales. Este es un intercambio trascendental y revelador. Es trascendental pues marcó el fin legal de la república romana con un senado accediendo a ceder poderes que había mantenido celosamente por quinientos años. Es revelador pues muestra qué tan difundido y aceptado estaba la necesidad percibida de la necesidad de un hombre fuerte. Por tanto, nos confrontamos con una paradoja imperial. Para regresar lo que legalmente le correspondía al pueblo, el Senado elevó a Octavio por encima de la gente al concederle grandes títulos como el de Augusto, el Grande y Príncipe, el primer ciudadano. Esto mostró la naturaleza informal del poder de Octavio pero también muestra qué tan importante era su poder. Por esa razón los historiadores cesan de hablar acerca de la república y le apodan el principado de Augusto.
Ahora conocido como César Augusto, Octavio aceptó gustosos casi cualquier honor que el Senado y el pueblo de Roma le concedieran. El Senado le nombró gobernador de la Galia, España y Siria. Tradicionalmente, se le permitía a una persona gobernar solamente una provincia de Roma a la vez para evitar el surgimiento de un hombre fuerte. Y por si esto no fuera suficiente, a César Augusto se le permitió mantener Egipto como su posesión personal. Había cierta lógica detrás de esto: la mayor parte del ejército se encontraba dispersado en estas cuatro provincias. Esto significaba que nadie podría amenazar el poder de Augusto. Más aún, también garantizaba que nadie juntaría un ejército que amenazara a Roma. Como recompensa por proteger Roma, Augusto fue electo como cónsul repetidas veces. Las viejas tradiciones romanas sostienes que uno sólo podía ser electo cónsul una vez cada diez años. El poder de Augusto garantizaba que esta sutileza legal fuera pasada por alto y su gran riqueza económica ofrecía compensación pues gastaba sumas principescas en edificios y en las artes. En 23 A.C. renunció a su puesto de cónsul sólo para ser nombrado tribuno de por vida. Además, el Senado declaró que su Imperium dentro de sus provincias era superior que cualquiera de los otros gobernadores provinciales. Esta era una ficción importante pues derogaba uno de los últimos tabúes republicanos, aquel contra los gobernadores ejerciendo control sobre Roma misma.
Augusto fue capaz de obtener tanto poder precisamente porque accedió a limitarlo. Controlaba sólo aquellos aspectos del gobierno que eran absolutamente cruciales para mantener la paz y perpetuar su control. Esto trajo seguridad a aquellos quienes estaban cansados de las guerras civiles de Roma y daba ciertas garantías a aquellos que tenían miedo de una nueva tiranía. Julio César había desdeñado las tradiciones romanas al ser altanero, arrogante y un controlador.
Sin embargo, Augusto tenía un temperamento diferente que le permitió negociar lo nuevo y lo viejo. Al utilizar viejas formas de legitimar su poder creó un delicado sistema de equilibrios que trajo cuarenta años de paz a Roma. Sin embargo, el problema era que sólo él podía lidiar el sistema. Cuando Augusto murió en 14 D.C. nadie en Roma estaba a la altura del puesto. Por tanto, con la muerte de Augusto, Roma entró a una nueva fase.
Antes de su muerte, Augusto adoptó como su heredero y sucesor al que después sería el emperador Tiberio. Tiberio era competente y tenía amplia experiencia en el gobierno aunque no era la primera opción de Augusto. Augusto vio a otros dos posibles sucesores. Tiberio no era un político como su padre adoptivo. Tendiente a la melancolía, no le gustaba la gente y prefería retirarse a sus casas rurales. Por tanto, aunque administraba bien las finanzas de Roma, no podía perpetuar las formas republicanas del principado y en el momento de su muerte estaba claro que la república se había esfumando: Roma ahora tendría un emperador. De esto podemos perdonar a Tiberio pues la muerte oficial de la república habría ocurrido de cualquier forma.
Sin embargo, el problema con Tiberio era que no hacía el esfuerzo por escoger a un sucesor digno, lo que dejaba solamente a los parientes de Augusto como sucesores. Por tanto, la supervisión de Tiberio contrastaba con el volátil y errático de Calígula. Estoy seguro que habrán oído este nombre antes y no en los mejores términos. El nombre real de Calígula era Gayo, que de hecho es la forma en la que los especialistas se refieren a él. Fue un gran nieto de César Augusto y Marco Antonio. Su apodo significa “Botas Pequeñas” y le apodaron así mientras viajaba con sus padres en los campos militares de la frontera. Calígula ascendió al nuevo trono imperial en 37 D.C. a la edad de 25. No es claro si muchas de estas historias acerca de él son ciertas pero no fue un buen emperador. Indeciso en asuntos de políticas, repetidamente ofendía a electores clave dentro del imperio. En 33 D.C. él, su esposa e hija fueron asesinados con dolo, un hecho que inauguró un patrón de muertes imperiales no naturales.
El próximo emperador Tiberio Claudio Nerón Germánico era ligeramente mejor. Claudio invadió el sur de Inglaterra, poniendo en marcha la expansión hacia el norte que terminó con la construcción del muro de Adriana. Estratégicamente la invasión era una mala idea pues Inglaterra no ofrecía riquezas y sólo se gastaba el dinero romano. Pero la conquista de una nueva provincia probó ser una gran victoria propagandística y mantuvo al pueblo feliz a pesar del mal manejo de ese asunto. Claudio trajo al imperio. Claudio murió en 54 D.C. probablemente envenenado por una de sus consortes. El asesinato hizo posible el surgimiento de uno de los peores emperadores romanos: Nerón. Nerón era hijo de Claudio y su madre se aseguró de que subiera al trono a la edad de 17. Inicialmente las cosas iban bien pero pronto Nerón mostró señales de inestabilidad mental que en última instancia le llevó a su muerte. En 59, Nerón hizo que ejecutaran a su madre por entrometerse en sus asuntos.
Al mismo tiempo que los consejeros más sensatos de Nerón le abandonaban o morían por su avanzada edad, su corte se llenaba de plagas que corrompían las políticas públicas y jugaban con la vanidad de Nerón. Las políticas de Nerón eran predeciblemente un desastre. Gravó a Inglaterra llevándola a un levantamiento, perdió a un ejército completo en Armenia, generó rumores de que incendió Roma al comprar propiedades que se habían quemado en el gran incendio de 64. Después en 65 D.C. con su reputación en el fango, descubrió un complot para derrocarlo e instituyó una serie de purgar que desestabilizó a la élite romana de tal forma que había levantamientos cada tres años. El 9 de junio de 68 D.C., Nerón se suicidó antes de que cualquiera pudiera asesinarlo.
La muerte de Nerón marca el fin de la línea Julio-Claudeana de los emperadores. Con ello se fue cualquier conexión directa entre Augusto y el Principado. He trazado esta dinastía con detalles porque su partida da una ventana importante sobre la evolución del imperio. Sin un sucesor legitimo, se garantizó una guerra civil de la cual emergió un personaje interesante, el homo novo u hombre nuevo. Los años de relativa paz permitieron que el imperio se expandiera y cambiar, pues los hombres fuera de Italia hicieron carrera en el imperio. El primero de tales hombres fue el emperador Vespasiano, quien fue de muchas formas el primer sucesor verdadero de Augusto. Vespasiano hizo su carrera en el ejército como líder de brillantes campañas en Inglaterra, antes de convertirse en cónsul, después gobernador de África y finalmente al suprimir la rebelión de los judíos en 67 D.C.
Como pueden ver, Vespasiano era sinónimo de empresas. Trajo un nuevo orden al imperio al reorganizar, por ejemplo, el sistema militar y financiero de Roma. Por primera vez, bajo su administración los ingresos de Roma se organizaron lo que permitió que se desarrollaran planes a futuro. Además, Vespasiano incorporó al último de los viejos estados-cliente de Roma directamente al imperio y regularizó el reclutamiento militar de las ciudades fuera de Italia. Con estas reformas comenzó un periodo extraordinario de administración competente pues Roma tuvo a dos dinastías competentes seguidas: los Flavianos, que comenzó con Vespasiano, y los Antoninos, que comenzó con Nerva.
Hasta la muerte de Marco Aurelio en 180 D.C., Roma era poderosa, bien administrada y en continua expansión. El desastre ocurriría en el siglo tercero, pero hablaremos de ello en un momento.Es con Vespasiano que vemos temas importantes que abarcan hasta el siglo tercero D.C. Primero, Roma se convirtió en un imperio cosmopolita pues fue posible para los extranjeros lograr mucho. Por ejemplo, el emperador Nerva venía de Iliria, lo que hoy es Croacia. Otro emperador, Séptimo Severo, era del norte de África. Y hubo un emperador en el siglo tercero que se llamaba Felipe el Árabe. Sin embargo, el imperio se volvió más homogéneo en la medida en la que aumentaba de tamaño. Para el siglo segundo D.C. el latín tuvo el mismo estatus que el griego. Esto se debió en parte al florecimiento literario que comenzó durante el fin de la república y hasta el principado. Para la muerte de Augusto, Roma tenía una gran cantidad de escritores como Virgilio, Lucrecio, Cátulo y Horacio. Más aún, Roma también daba estabilidad económica. La eliminación en Pompeya de los piratas mediterráneos, la extensión de la ciudadanía romana y la ley y la construcción de caminos, puentes y acueductos llevaron a que la cultura romana y el latín se difundieran. Desde el año 31 A.C. hasta 180 D.C. realmente fue una Pax Romana.
Sin embargo, las cosas cambiaron alrededor del fin del siglo segundo. Por razones desconocidas, el filósofo emperador Marco Aurelio rompió con la tradición de escoger un sucesor imperial por medio de la adopción y el nombramiento de su propio hijo, Cómodo, para sucederlo. Esta fue una mala idea.
Cómodo no tuvo las habilidades para ser emperador y su cabeza estaba llena de ideas tontas. Lo asesinaron antes de que avergonzara a toda Roma al aparecer en una función de lucha libre. Cómodo no causó el declive de Roma pero su muerte nos muestra un punto de cambio conveniente pues muestra las debilidades estructurales de Roma en el siglo tercero. El declive de Roma vino de problemas en cuatro áreas: la política, la milicia, la economía y la cultura. Los problemas en cada área se interrelacionaron con cualquier otra. El resultado de estos problemas internos fue que el poder en el Mediterráneo cambió de Roma hacia el Este. Analizaré los inicios de este periodo brevemente pero para una discusión más amplia esperaremos a la sesión relativa a Bizancio.
En la política, las dificultades de Roma comenzaron con el asunto de la sucesión. El imperio no tenía ningún mecanismo legal para escoger a un sucesor y la muerte de Marco Aurelio marcó un cambio gradual hacia el caos político. Durante el siguiente siglo casi cualquier emperador moría en batalla o era asesinado. Por tanto, era inevitable que el énfasis tradicional romano en la ley y el orden se disolviera. El fin de la ley y el orden enfatiza un problema más amplio dentro de Roma: el imperio se había militarizado y sólo las soluciones militares parecían apropiadas para responder a la situación política inestable. El emperador Diocleciano trató de resolver el problema del declive y el desorden. Sin embargo, al hacerlo mostró totalmente el declive del imperio pues sus soluciones eran totalmente militarizadas y gobernaba a la sociedad como si fuera el ejército. Hacía edictos que obligaban a la gente a cumplir con posiciones específicas. Fijaba precios, medida que siempre es un fracaso.
También reorganizó el sistema político de Roma al dividir al imperio en 4 partes. Co-emperadores o Augusti dirigían dos partes. Los emperadores agente, o Caesari dirigían las otras dos. En teoría los co-emperadores se retirarían y los agentes asumirían el control. Este sistema no duró más allá del periodo de Diocleciano. Las tensiones se incrementaron inmediatamente y la guerra civil se desató. Por tanto, el nuevo sistema de Diocleciano terminó con otro hombre fuerte, el emperador Constantino, de quien hablaré en otra sesión.
En cuanto a lo militar, los problemas de Roma se exacerbaron desde afuera. Durante el siglo segundo, olas de tribus germánicas dejaron las estepas asiáticas y descendieron hacia territorios romanos. Por algún tiempo, Roma asentó a las tribus y las hizo sus aliados o foederati. Estas tribus tradicionalmente defendieron la frontera del Rhin y del Danubio. Durante el siglo tercero, los ejércitos romanos sufrieron repetidas derrotas a manos de las tribus germánicas. Esto se debió en parte a un liderazgo pobre pero la razón real fue una falta crónica de hombres. Roma ya no tenía a la población de antes y parte del declive se debió a continuas epidemias. Por tanto, el ejército romano se debilitó con el paso de los años pues se hizo más difícil el reclutamiento. En 212, en una apuesta desesperada por obtener mayor número de hombres, el emperador Caracala permitió que se concediera ciudadanía romana a los extranjeros. Por supuesto para convertirse en ciudadano uno tenía que ser soldado. Este cambio minó los viejos incentivos para que los romanos se incorporaran al ejército y menos romanos se incorporaron. Al final, el ejército se componía de más mercenarios y esto tuvo el desafortunado efecto de que la institución perdiera su conexión con la vida y política romanas, convirtiéndose en una entidad más independiente del control central. La dependencia de mercenarios debilitó a Roma en dos formas. Primero, a los mercenarios no les importaba a quién prestaban sus servicios a cambio de un salario por lo que la disciplina militar se disipó. Segundo, en la medida en la que la calidad del ejército declinaba, los ejércitos germánicos y persas obtenían más victorias. En 378, los godos derrotaron al ejército romano en Adrianópola, abriendo al imperio a sucesivas olas de invasiones. Roma fue atacada en 410, 455 y 476. El imperio romano ya no podía defenderse.
Ahora he alcanzado el tercer punto, la economía romana. El comerció declinó de manera firma en el oeste durante los siglos segundo y tercero. Roma nunca tuvo una economía productiva. El imperio vivía de los botines y de la esclavitud no del comercio. En la medida en la que la población romana fue disminuía, grandes números de esclavos eran necesarios para producir comida. Sin embargo, Sin victorias militares repetidas no había nuevos esclavos en los campos para alimentar al imperio. La producción alimenticia decayó lo que llevó a que la población cayera de 70 a 50 millones de personas. Dado que el campo no podía alimentar a las ciudades, declinaron y el comercio cesó. Las ciudades que todavía funcionaban bien lo hicieron al costo de establecer impuestos más altos y se convirtieron en víctimas de saqueos lo que hizo que la gente huyera de las ciudades. El efecto político de esto es que los gobiernos aprobaron leyes para forzar a que la gente se quedara en sus ciudades. Dichas leyes fueron un fracaso pues el gobierno central era incapaz de hacer cumplir sus edictos.
Como resultado, la gente se congregó en lugares donde pudieran obtener protección, Latifundia, donde las regiones rurales eran gobernadas por un hombre fuerte que daba protección a cambio de trabajo. Con este cambio, las ciudades cayeron en un irreversible declive y la cultura cosmopolita de Roma se colapsó. En la medida en la que el mundo romano caía nuevas tendencias culturales aparecieron.